El “segundo piso” para un campo de cría

El establecimiento Yamahuida, ubicado en Maipú, se aleja del modelo tradicional: trabaja con carga variable durante el año y vende hembras preñadas además engordar los terneros en un feedlot

28/05/2017 | 11:22

Tener un campo de cría en la Cuenca del Salado no necesariamente condena a vender terneros al destete en forma zafrera. Sin embargo, generalmente tampoco se puede aspirar hacer el ciclo completo en el establecimiento convirtiendo los terneros en novillos gordos con el forraje producido. Muchos campos de esa zona “no dan” para eso. En cambio, sí se pueden desarrollar otras actividades que agregan valor a la producción básica de terneros de destete, como la venta de hembras preñadas, que pueden dar un ingreso equivalente a la venta de novillos gordos.
El establecimiento de cría Yamahuida es un caso práctico de lo expuesto. Está ubicado sobre suelos típicos del partido de Maipú, con una vegetación constituida principalmente por “pelo de chancho” en los suelos de clase V y VI y pasturas compuestas por festuca, agropiro y lotus tenuis en los de clase IV. El régimen de lluvias es de 800-1000 milímetros anuales.
En los últimos años desarrolló una característica fuera de lo común: la carga animal varía según la oferta forrajera disponible en el campo. “Cuando empiezan las primeras heladas, comienzo a liberar el campo y con las últimas, empiezo a repoblar lo”, explica Armando Mayorga, administrador del establecimiento. ¿Cómo lo hace? Vamos por partes.

Primer paso: ser un criador de punta
“Administro el campo desde hace 30 años con animales de raza Aberdeen Angus. Durante los primeros años procuré desarrollar un buen planteo de cría mejorando los índices productivos en las 8000 hectáreas del establecimiento”, rememora Mayorga.
Con siembra directa se implantaron pasturas adaptadas a los suelos de la zona, se dividieron los potreros con alambrado eléctrico y se mejoró la calidad del agua suministrada a la hacienda. “Trabajando junto con el veterinario se logró aumentar el porcentaje de preñez hasta llevarlo al 93 en la actualidad, lo mismo que el porcentaje de destete, que llegó al 95 sobre vaca preñada”, agrega.
Se emplea el dos por ciento de toros con alta capacidad de servicio y se puso en práctica el destete precoz a los 120 días, con 140-160 kilos en febrero, y el servicio anticipado en vaquillonas. Luego se buscó la diferenciación utilizando toros Hereford sobre las vacas Angus en el último mes de servicio –que es de 90 días en noviembre, diciembre y enero- para obtener terneros “caretas” que, por su vigor híbrido, emparejan a la “cabeza” de parición. En años posteriores esta metodología fue reemplazada por la venta de vacas preñadas durante el último mes.
El rodeo general tiene un frame de 2,5 a 3, que da vacas de menos de 400 kilos de peso adulto. Con ese tamaño se pueden tener, en la misma superficie, cuatro vacas que destetan terneros de 150 kilos en lugar de tres vacas de frame 4 que dan terneros de 200 kilos. De esta forma, se obtiene mayor valor por kilo –al ser terneros más livianos- y se aprovecha el menor requerimiento de las vacas.

Segunda etapa: agregar valor
“Después de varios años de alcanzar buenos índices de preñez y destete me pregunté qué más podía hacer para mejorar la rentabilidad de la empresa, ya que por indicadores de producción física estaba llegando a un techo”, refiere Mayorga.
“Vi que podía subir un escalón más aprovechando lo que el campo me daba. En función de la curva de producción de pasto decidí regular la carga animal a lo largo del año. Así, dispuse recriar un porcentaje mayor de vaquillonas para reposición, pasando del 15 por ciento habitual en campos de cría de la zona a un 40 por ciento mediante la alimentación con pasturas y la suplementación con rollos de avena granada. A esa hacienda se le da servicio en septiembre, octubre y noviembre”, agrega.
“De esta forma pasamos de 0,7 equivalentes vaca por hectárea en invierno a 1,20 equivalentes vaca en primavera y verano, vendiendo luego del tacto rectal y antes del segundo invierno todas las hembras preñadas que exceden lo que soporta el campo, para llevar la carga nuevamente a 0,7 equivalentes vaca. Con esta práctica, todos los años se vende un 20-25 por ciento de hembras preñadas, que tienen un valor semejante al de un novillo, pero que fueron producidas con recursos forrajeros de menor calidad que lo que exigen los machos”, diferencia Mayorga.
“Con este cambio se aumentó la facturación sin lesionar los índices de producción. Al manejar la carga de acuerdo a la disponibilidad de pasto logramos vender terneros de destete y además vientres preñados, lo que permitió aumentar la facturación en un 30 por ciento”, añade.
Para la venta fluida de las vacas preñadas es fundamental contar con muy buena genética. En Yamahuida tienen la ventaja de disponer de cabaña propia, que asegura un fenotipo buscado por los compradores.

Los machos, al corral
Mayorga también conduce un feedlot de la misma firma – administración Piccaluga SA- ubicado en el oeste de la provincia de Buenos Aires donde se engordan los machos y las hembras no destinadas a reproducción. Su funcionamiento se basa en tres pilares: adecuado momento de venta, bajo costo de alimentación y agregado de valor a los animales.
El objetivo del feedlot – que es integrante del CREA General Villegas- es vender los novillos (de 360 a 420 kilos) y vaquillonas (300 kilos) gordos en febrero-marzo para aprovechar el efecto “freezer vacío” que generalmente tonifica los precios en esa época por el regreso de la población de vacaciones.
Para llegar a ese momento con la hacienda terminada se desarrolla una recría prolongada, que no supera los 700 gramos de engorde diario, al suministrar alimento a razón del 2,2 por ciento del peso vivo de los animales. En 2015 esta etapa se concretó con una base de granos de maíz, pellet de girasol y núcleo vitamínico por el bajo valor del cereal, pero en 2016 en la fórmula prevalece el silo de planta entera.
Dentro del feedlot se le da servicio a los 15 meses a un porcentaje de las mejores hembras que ingresan, para ser vendidas con garantía de preñez en los dos primeros meses del año. Con toros con alta capacidad de servicio se obtiene una preñez de 82-85 por ciento, que se detecta a los 30 días de finalizado el servicio mediante ecografías. Esta práctica se viene haciendo en los últimos cinco años y mejora el valor de venta en un 20-25 por ciento respecto de la comercialización para faena, con un ahorro de gastos de comercialización.
La firma propietaria de Yamahuida también tiene cabaña de Aberdeen Angus. Ésta le vende toros al campo de cría para disponer de genética de muy buena calidad y con alto índice de fertilidad. Para ello se restringe la alimentación de las madres a lo largo del año y se le da un servicio de solo 60 días. Se procura que, aun sin tener un estado corporal óptimo, se preñen y transmiten esa característica a su descendencia. Al disponer de un frame de 2,5 a 3 se obtiene gran facilidad de parto en los servicios de 15 meses y bajos requerimientos de mantenimiento de las vacas en el campo de cría.

Fuente: La Nación