Los agricultores estadounidenses, en apuros

Con rentabilidad negativa y alto endeudamiento, la producción de granos no pasa por su mejor momento

21/09/2017 | 5:00

En una reciente recorrida por Estados Unidos entrevistamos Kate Huffman, Portfolio Manager de Heartland Bank. Sus comentarios ilustran sobre cómo ven al campo desde el sector financiero.

Según los dichos de Kate, los bajos precios de las materias primas están provocando pérdidas estructurales al productor americano, que se transforman en deudas que se acrecientan todos los años.

La rentabilidad negativa del negocio deja sin capital de trabajo al agricultor, lo que despierta tensiones financieras. Falta de capital de trabajo y alto apalancamiento para llevar adelante la siembra son la constante en el sector agropecuario.

Paralelamente a este escenario el productor tiene que seguir viviendo, con los cual los gastos familiares terminan siendo un problema, ya que se acumulan y, por ende, hacen crecer la deuda de largo plazo de su empresa. Hasta ahora, solo dos campos fueron a remate en los últimos dos años, lo que no habla de un escenario dramático, pero si delicado.

En este contexto adverso, empero, no se ve una masiva venta de tierra, aunque los valores están cayendo, ya que el campo carece de rentabilidad.

Por otro lado, el Gobierno ha demorado muchos pagos a los agricultores en concepto de subsidios, que se deberían haber dado en tiempo y forma, y en la actualidad no llegan a tiempo, por lo que se está lejos de equilibrar el resultado del negocio.

Formas de financiación

El agricultor americano tiene líneas de créditos por cada operación que realiza. Puede utilizar notas de interés a corto plazo, a 6 o 12 meses, a una tasa que puede ubicarse en torno del 3,5% anual.

La deuda de largo plazo está garantizada con el valor de la tierra. Se presta hasta el 65% del valor del campo, los edificios y la maquinaria con que cuenta el productor. La tasa de largo plazo social fluctúa entre el 1,75% y 2,0% anual, y se entiende por largo plazo hasta 5 años.

Las tasas de interés siguen siendo reducidas. No obstante, hay mucha preocupación en el sector financiero porque las materias primas no salen de un piso muy bajo de precios.

La Reserva Federal de Estados Unidos podría volver a subir la tasa al 1,5% anual en diciembre de 2017. En febrero de 2018 hay un cambio en la presidencia de dicho organismo y nadie conoce qué sendero de tasas de interés tendremos a futuro.

Hay quienes dicen que la suba de tasa se estancará en el 2% anual, algo que sería beneficioso para el sector agropecuario, mientras que otros ven aumentos más considerables. La tasa Prime hoy se ubica en el 4,25% anual y es la más alta de la última década.

Conclusiones

Con un precio de la tierra que se ubica en torno de los 25.000 dólares la hectárea y en baja, con una rentabilidad negativa y alto endeudamiento, el sector agrícola en Estados Unidos no pasa por su mejor momento.

Solo una política de apoyo del Estado y bajas tasas de interés hacen que el productor no esté en problemas hoy, pero podría estarlo mañana de persistir este escenario.

Los productores están tratando de crecer en su escala horizontal y vertical, buscando más tierra cultivable o bien agregando valor. Es muy común en Estados Unidos que los agricultores participen de emprendimientos en conjunto, realizando una planta de etanol para descargar su producción de maíz cerca del campo, u organicen una cooperativa para vender cerdos alimentados en su propio campo. Son ejemplos de lo que hacen en ese país para sobrevivir en este mal momento que atraviesa el sector, con precios que no cierran.

Con todas las políticas de Estado a su favor, el productor americano es menos competitivo que el argentino, que no tiene políticas de Estado que lo ayuden en su crecimiento.

Podríamos estar mucho mejor, pero no pensemos que somos los peores del mundo. El negocio a escala global no cierra. Aquí se hace magia para vivir del campo, más aún cuando es alquilado, porque tenemos excelentes recursos humanos y una tierra única a escala mundial.

Fuente: Salvador Di Stefano. Agroeducación