Los productores deben sentirse parte del sistema alimentario integral

Tienen que dejar de pensar solo en las materias primas y considerar las nuevas tendencias de los consumidores

12/10/2017 | 10:01

“En la actualidad muere más gente por mala alimentación que por falta de alimentos”. Así lo indicó Walter Baethgen, investigador de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York, durante una conferencia ofrecida en el CREATech, el congreso organizado por los grupos CREA.

Cerca de 800 millones de personas en el planeta se van a dormir cada noche con hambre. Pero conviven en el mundo con 2000 millones de personas que tienen sobrepeso, de las cuales la mitad son obesas, lo cual contribuye a incrementar la prevalencia de enfermedades como diabetes o problemas cardíacos, explicó Baethgen. A eso hay que sumar 2000 millones de personas que adquieren calorías suficientes, pero en una forma no equilibrada y eso, por ejemplo, determina que unas 300.000 madres mueran cada año durante el parto por falta de hierro.

 

Oportunidades

“La conclusión de este razonamiento es que no debemos vernos como simples productores de materias primas, sino como parte de un sistema alimentario integral. De esa manera, podremos capitalizar las oportunidades que nos depara el futuro”, explicó Baethgen.

¿Cuáles son esas oportunidades? “Lo primero que hay que entender es que el mundo está cada vez mejor y eso hace crecer exponencialmente la demanda de alimentos”, dijo. En 1850 la esperanza de vida en Europa era de 40 años. Hoy eso cambió en forma notoria. “Para 1980 ya había aumentado drásticamente la calidad de vida en todo el mundo, incluso en China y en la India. Y hoy, salvo algunos países africanos, la mayor parte del mundo tiene una calidad de vida mucho mayor de la que tenía hace 100 años”, expresó Baethgen.

Se calcula que para 2030 habrá en el mundo 5000 millones de personas de clase media. Esto provocará grandes cambios, dado que el poder adquisitivo modifica la dieta. El gran ejemplo es China, país que aumentó siete veces su consumo de carne desde 1980.

Hasta poco tiempo atrás, las preocupaciones ecológicas interesaban sólo a una minoría. Hoy la gran mayoría de la clase media está pendiente, en mayor o menos medida, de esas cuestiones. Cada vez se tiende más, por ejemplo, a la búsqueda de productos que, sin ser necesariamente orgánicos, requieran un menor uso de fitosanitarios. O a carnes de animales que no sean criados con antibióticos. Eso genera varios nichos de mercado.

Además del veganismo, crece el vegetarianismo flexible. Se trata de personas que buscan comer la menor cantidad posible de carne, sin privarse, cada tanto, de un asado o un buen churrasco.
Otra tendencia es la aparición de “ingredientes tabú”. Un caso emblemático es del gluten. Baethgen mencionó el caso de España, donde un 20% de productos se promocionan como libres de gluten, cuando en realidad la población celíaca representa apenas el 1%. Hay ciertos ingredientes que la gente opta por dejar de lado.
La huella de carbono y la huella de agua, según Baethgen, tendrán cada vez más peso en las decisiones de los consumidores. “Convendría integrar todo en una sola huella ambiental, que incluya otras variables, como la preservación medioambiental”, sugirió el consultor. “Habría que pensar en una huella ambiental integrada, que nos permita manejar las nuevas oportunidades y nichos de mercado”, concluyó.