Manejo del rodeo en campos con excesos hídricos

Recomendaciones prácticas para atenuar los efectos perjudiciales de los anegamientos

30/09/2017 | 9:17

Las intensas lluvias registradas durante el año generaron distintos grados de afectación en campos de las zonas de cría. En este contexto Juan Martín Erregurena, técnico de la agencia de extensión de Lobería del INTA,  brinda recomendaciones técnicas específicas para los planteos ganaderos, focalizadas en el reordenamiento del  rodeo y en la atención de los aspectos sanitarios y nutricionales como prácticas fundamentales para disminuir el impacto de los excesos hídricos.

 

Priorización según requerimientos

Erregurena recomienda focalizar los esfuerzos cuidando principalmente las categorías más exigentes y con mayor requerimiento energético por su alto ritmo de engorde o necesidad fisiológica. La prioridad debería estar centrada en  vacas y vaquillonas preñadas paridas, novillos en terminación y las vaquillonas de recría. Luego los terneros, que requieren menor cantidad de alimento, y por último las vacas de refugo.

En caso de necesidad de reducir la carga por imposibilidad de sostener el sistema en el área libre de anegamiento, es fundamental eliminar del campo todos aquellos animales improductivos, como  vacas vacías y toros de  refugo.

 

Suplementación energética

En caso de que no se disponga de lotes con recursos pastoriles suficientes, se puede armar un esquema de suplementación con granos, balanceados con proteína para cubrir los  requerimientos animales.

Se deberán elegir aquellos alimentos que contengan alta concentración de proteína, energía y materia seca. Así el volumen de alimento a trasladar es menor y se simplifica el suministro de las raciones.

Los granos y subproductos -maíz, sorgo, cebada, afrechillo- tienen un alto valor nutritivo y permiten mantener el estado corporal de los vientres con poca cantidad (2-3 kg/día por vaca).

Se debe tener la precaución de suministrar la ración en forma gradual, para evitar los trastornos digestivos como acidosis. El acostumbramiento a la ración se inicia con 0,5 kg/animal/día y se aumenta gradualmente hasta alcanzar el nivel fijado para cada categoría en un período no menor a 12-15 días.

Un vacuno puede consumir hasta 3% de su peso vivo. La  ración de mantenimiento rondaría alrededor del 1% del peso vivo aunque ello depende de la calidad del concentrado ofrecido.

Es importante disponer de una adecuada cantidad de comederos (30 a 50 cm por animal) para disminuir la competencia entre animales y garantizar un consumo parejo. En caso de no disponer de comederos, la ración puede ofrecerse por debajo de un alambre en el piso, aunque con mayor desperdicio.

Para quien realizó ensilado, este es el momento de uso de ese tipo de  reservas; es un recurso ideal que permitirá mantener la carga y la hacienda en buen estado.

Los rollos, si bien por si solos no son suficientes para mantener estado corporal dada la calidad en la que en general se confeccionan, son una reserva que, complementada con el suministro de grano o con pastoreos restringidos por horas, permiten atenuar las dificultades del momento.

 

Manejo sanitario

La menor superficie ganadera disponible en campos anegados provoca hacinamiento y estrés,  deficiencias nutricionales en los animales y mayor exposición a los patógenos ambientales que, junto a la disminución de las capacidades inmunológicas, predisponen a la presentación de patologías.

Ante situaciones de emergencia es recomendable reforzar las medidas sanitarias como higiene y vacunación. Aunque esta última se vea afectada por el posible estrés de los animales, ayudará a tener una inmunidad poblacional que contribuirá a contener el impacto de los brotes de algunas enfermedades.

Con la presencia de agua en los campos se agrava la diarrea neonatal bovina; es aconsejable consultar a un veterinario para definir el tipo de tratamiento a llevar a cabo, ya que un ternero pequeño puede morir luego de tres días de diarrea continua.

Por otro lado,  en los animales adultos, por la cantidad de días nublados y con los rebrotes tiernos, las vacas pueden sufrir hipomagnesemia, enfermedad generada por el desbalance nutricional de los rebrotes tiernos con falta de magnesio, que debilita al animal, provoca su caída y posterior muerte.

Hay que tener en cuenta, además, a los parásitos internos y externos, al carbunclo, la mancha, la gangrena, la brucelosis y la leptospirosis, que se potencian en condiciones de excesos hídricos y hacinamiento.