Ochocientos terneros en engorde en 205 hectáreas de pasturas con riego

El sistema empleado en un campo de una zona semiárida como Pedro Luro, en el sur de Buenos Aires,  produce más de 500 kilos de carne por hectárea 

10/06/2017 | 2:31

                                                                                                                                      Luciano Vázquez

Ochocientos terneros en 205 hectáreas en la zona semiárida de Buenos Aires. ¿Ciencia ficción? No, una realidad tangible en un campo con riego del partido de Villarino, en el extremo sur de la provincia.

 

Ambiente complejo

Primero, hay que ver las condiciones de producción de la zona, por cierto difíciles. En   el partido de Villarino llueven 500 milímetros por año, pero la evapotranspiración es de 1080 milímetros. Además, hay fuertes vientos durante todo el año. Los suelos son pobres en materia orgánica, arenosos francos, aunque profundos y sin impedimentos para el desarrollo de los cultivos y de las pasturas. Producen muy bien si se les aplica agua y fertilizantes.

La combinación de estos factores justifica el riego. Pero no un riego caro. En la zona predomina el riego por gravedad tomando agua del río Colorado. Mediante estudios topográficos se busca que el agua corra de los sectores de mayor altitud hacia lo más bajos con un gradiente determinado.

El agua se lleva al lote por medio de acequias y luego con sifones (caños de tres pulgadas) que vierten el agua al suelo cultivado, inundando el lote pocas horas, para aplicar desde un mínimo de 100 hasta un máximo de 250 milímetros.

Para poder desarrollar esta técnica, se debe realizar una sistematización del lote, con movimiento de suelo importante, para que el agua fluya en forma uniforme en toda la superficie. Además, para que el agua no permanezca demasiado tiempo en el cultivo y le sea perjudicial, el sistema se completa con canales de desagües en cada lote, ubicados a uno o dos metros de profundidad. Estos canales se unen a desagües troncales, que finalmente vierten las aguas al mar.

 

Producción de carne

La empresa Fermagui SA posee 260 hectáreas entre Pedro Luro e Hilario Ascasubi, a siete kilómetros al oeste de la ruta 3. Está dedicada al engorde de terneros provenientes de un rodeo de 700 vientres ubicado en otro campo de la firma en Villa Iris, cerca del límite con La Pampa.

“Hace unos años, la firma compró 80 hectáreas en el partido de Villarino, con la idea de producir rollos de alfalfa y maíz para llevarlos al campo de cría”, rememora Luciano Vázquez, administrador del campo, que es miembro del CREA Pedro Luro. “Sin embargo, rápidamente se vio que el costo de los fletes limitaba esa alternativa y que el campo con riego tenía ventajas para el engorde de los terneros”, agrega.

“Entonces, se compró otra fracción hasta completar 260 hectáreas, de las cuales 205 hoy están en producción; el resto está compuesto por campo natural, canales y drenajes”, describe.

El sistema productivo busca un engorde rápido de los terneros recibidos, a partir de silo de maíz, verdeos y pasturas con riego, complementadas con suministro de grano y un encierre a corral. El 95 % del alimento se produce en el campo.

En el planteo actual, de las 205 hectáreas en producción se destinan 70-80 al maíz para grano y silo; 70 para alfalfa; 40-50 a verdeos de invierno y 10-20 al cultivo de cebolla, todos con riego.

 

Los terneros vienen marchando

Los terneros de Villa Iris se destetan en marzo con 180-190 kilos. Los producen vacas de muy buena genética, inseminadas con toros mejoradores y repasadas con toros de pedigrí. Una vez arribados al Fermagui, los terneros son encerrados en corral durante un mes, alimentados inicialmente con rollos de alfalfa. Antes de viajar ya han sido vacunados, marcados, caravaneados y capados en el campo de cría.

Con el correr del tiempo se agrega pellet de girasol, maíz partido y núcleo vitamínico-mineral. En esta etapa se busca que los animales aprendan a comer ración y que se acostumbren a los alambrados eléctricos, que se usan en todo el campo para las divisiones internas.

Más adelante se agrega el autoconsumo de silo de maíz de planta entera y grano distribuido con mixer. Luego salen a las alfalfas, que se aprovechan hasta abril.

Cuando la alfalfa entra en dormición pasan a verdeos de invierno –avena, centeno, triticale- complementados con silo de maíz y pellet de girasol o soja, para mantener alta carga durante todo el año, del orden de cuatro cabezas por hectárea.

Una vez que pasó el invierno, vuelven a pasturas de alfalfa pura o consociada con cebadilla y festuca, complementadas con silaje de maíz, desde septiembre a mayo. Con riego, en Fermagui las alfalfas  producen 10.000-12.000 kilos de materia seca por hectárea y por año. La cadena forrajera empleada permite engordar 800 terneros por año en 205 hectáreas, con una producción de carne de 102.660 kilos totales en el último ejercicio, equivalentes a 501 kilos por hectárea.

Las ventas de machos se programan de acuerdo al cash flow de la empresa. La “cabeza” del lote se encierra en corral durante 75 días, con alimento preparado con ingredientes producidos en el campo, para acelerar la salida temprana,

“En años anteriores, los terneros de 180 kilos  entraban al campo en marzo y se engordaban hasta 300-330 kilos  para salir – todos- antes de marzo del año siguiente. En el ejercicio 2016/17, todavía quedan algunos porque se aumentó el peso de faena a 380-400 kilos”, diferencia Vázquez.

Las hembras se recrían y se separa la reposición para el rodeo de Villa Iris dándole servicio con toros de bajo peso al nacer. Se cargan preñadas para del campo de cría. El resto se engorda hasta 330-340 kilos, con enero del año siguiente como fecha límite de salida.

La hacienda gorda se vende a matarifes de Bahía Blanca, directamente a frigoríficos, como Frigo Cañuelas, o a supermercados como Coto y otros.

Fuente: Carlos Marin Moreno. La Nación