Ganadería: Qué se puede esperar de la extensión del INTA en los próximos años

Cómo serán las nuevas estrategias para la cría, recría y terminación

26/06/2019 | 2:00

La adopción de tecnologías disponibles es el talón de Aquiles de la ganadería y una de las limitantes del país para aprovechar las nuevas oportunidades de los mercados. El presidente del INTA, Juan Balbín, anticipó a Valor Carne el próximo lanzamiento de una serie de programas a cuatro años que tendrán por objetivo la intensificación sostenible, es decir la mejora de la productividad preservando los recursos, mediante un fuerte componente de extensión.

 

Nuevo enfoque

“La adopción de tecnología en el país depende de la voluntad individual. En Estados Unidos y Europa, cuando se lanza una línea de extensión, hay una política pública que incluye el soporte económico, vía créditos, desgravaciones o subsidios. Acá, por más que esa tecnología esté suficientemente probada, debe haber un convencimiento mucho más profundo del productor para que decida asumir el riesgo que implica todo cambio”, planteó.

Por eso, los programas del INTA tendrán un nuevo enfoque: apuntarán a resolver alguna problemática central, se pensará desde el inicio junto con la extensión y los resultados se medirán en términos de mejora de la productividad.

Balbín explicó que se pondrá el foco en tecnologías básicas y de alto impacto en cada una de las regiones. “En el NOA y NEA incluir megatérmicas y paliar el déficit proteico es fundamental. En la región pampeana hay infinidad de alternativas para cubrir el bache invernal que reduce el porcentaje de preñez, que no son aplicadas por distintos motivos. En el sur, se apuntará a diferir forrajes para cubrir los inviernos crudos”, explicó.

En cuanto a la implementación, “se trabajará sobre cinco o seis prácticas, no más, que deberían ser los ‘mandamientos’ de la ganadería, desde cumplir con el plan sanitario hasta estacionar el servicio y hacer tacto”, prosiguió.

 

Alineación investigación-extensión

Uno de los cambios más importantes será que toda línea de investigación productiva deberá estar acompañada por el extensionista y por el productor desde el primer día. “Por ejemplo, una nueva práctica en implantación de pasturas tendrá que ser volcada rápidamente al medio y sostenida mediante un prolongado esfuerzo de convencimiento”, reiteró.

De cualquier modo, aclaró: “no vamos a imponer tecnologías cuando los productores no quieran tomar esos riesgos. La estrategia será acercarnos humildemente y plantear desde el llano las oportunidades de mejora, ya que es muy difícil construir si las expectativas de progreso de los ganaderos son diferentes”.

Otro desafío es salir con la investigación al medio rural, compartiendo experiencias con los productores y con otros actores de la innovación. “Ya no se pondrá el foco en esos paquetes tecnológicos que logran muy buena productividad dentro de la experimental, sino que se harán ensayos en los campos de los ganaderos, con sus realidades y su participación, y trabajando codo a codo con universidades, provincias, CREA y Aapresid. Estamos comenzando con esta nueva metodología”, anunció.

¿Por qué ahora sí el productor podría cambiar? “La gran novedad es la fortaleza de los mercados internacionales, lo que podrá facilitar ese proceso. Veníamos de décadas de abastecer a Europa y a la cuota Hilton, y de un mundo dividido en circuito aftósico y no aftósico que nos relegaba. Ahora se rompió ese esquema y tenemos la oportunidad de llegar a 4000 millones de personas de los países asiáticos. Esto nos posiciona en precios del ganado superiores a los que estábamos acostumbrados en los últimos 30 años”, subrayó Balbín. Y agregó: “pienso que esta tracción va a posibilitar cambios tecnológicos que hasta ahora implicaban una inversión muy alta con respecto al retorno. Por ejemplo, la implantación de pasturas, la fertilización, la infraestructura, tendrán una ecuación distinta”, aseguró.

¿Medición de impactos? “Se hará desde el primer día. Tenemos recursos limitados, no solo monetarios sino de capital humano y de conocimientos. Parte de las decisiones de qué investigar y qué no estará definido en función de los resultados proyectados”, aseveró.

 

La investigación básica

Más allá de las líneas productivas, el titular del INTA confirmó que se seguirá adelante con la investigación básica en temas estratégicos para la ganadería, en particular ciertas enfermedades como leucosis, tuberculosis y retrovirus causantes de diarreas, en las que se está avanzando con vacunas.

“Para la investigación profundizaremos la complementación y los convenios con las provincias, organizaciones internacionales y empresas privadas. Es muy sana esta modalidad, ya que nos exige ser atractivos para la inversión y eficientes para poder cofinanciar y cogobernar los programas”, argumentó.

El funcionario recordó que hay temáticas en las que el INTA trabaja de esta manera desde hace años con éxito. “Por ejemplo, el desarrollo de semillas forrajeras, sobre todo para ambientes difíciles. Una vez registradas, se licencia la comercialización para facilitar la llegada a los productores y crear oportunidades de trabajo”, indicó.

Por otro lado, las patentes son estratégica para el INTA, ya que agregan valor a la producción. También “permiten estimular a los investigadores que cobran regalías por los logros que son capaces de concretar”, resaltó Balbín, apuntando a que una forma de medir el nivel de innovación de un país es a través de sus patentes.

En general, Latinoamérica está muy desfasada con respecto a EE.UU., Japón, Corea e Israel, países líderes en este aspecto. “Si una innovación se difunde primero en medios académicos, perdemos la patente en muchos países. Entonces, ponemos el énfasis en patentar de entrada y después hacer el paper científico”, sostuvo. Y aclaró que “en el INTA, un 30% del total que se cobra por regalías vuelve al investigador principal, un 20% a su equipo y otro 20% a la unidad. Con eso, no sólo brindamos previsibilidad a nuestros recursos humanos sino que logramos retroalimentar futuras investigaciones”.

 

Futuro ganadero

Volviendo a la adopción de tecnología, Balbín destacó que la fuerte demanda internacional de carne impactará en los sistemas productivos. “Los nuevos mercados no solo requieren mayores volúmenes sino carnes diferentes a las que exportábamos históricamente. De cualquier modo, nuestro país es excedentario en granos y dispone de la tecnología para aprovecharlos”, señaló.

“Actualmente la carga animal se define en función de la curva de producción de pasto, ajustándola a la menor oferta con algo de suplemento. Pero si se abren todos los destinos externos y la hacienda vale más de dos dólares por kilo vivo, como sucede hoy en Uruguay, la ecuación cierra para inyectar energía a través de silos de autoconsumo durante toda la recría y el engorde”, ejemplificó Balbín, recordando que la Argentina produce 50 millones de toneladas de maíz o sea prácticamente una tonelada por cabeza.

“Esto es algo muy raro en el mundo y nos permite generar una enorme competitividad internacional. La intensificación sostenible es una oportunidad para el país, siempre respetando hasta qué punto el productor quiera tomar riegos y luego sentirse cómodo con su decisión”, finalizó Balbín.