La mancha marrón ataca cultivos de soja

Se verifica la presencia de Septoria glycines en lotes de la zona núcleo; estrategias de control

13/02/2018 | 10:16

El cultivo de soja puede ser afectado por distintas enfermedades foliares que generan pérdidas de rinde. Los ataques actúan reduciendo el área foliar verde, su duración y actividad. Como resultado, puede disminuir la tasa de crecimiento del cultivo en etapas críticas de fijación de vainas y granos y/o limitar la disponibilidad de hojas para el llenado de granos.

Dentro de las enfermedades foliares del cultivo de soja, el complejo de Enfermedades de Fin de Ciclo (EFC) es el de mayor difusión e impacto. Entre las enfermedades que forman este complejo, la mancha marrón (causada por Septoria glycines) y la mancha púrpura de la semilla- (causada por Cercospora kikuchii), son las más importantes. Ambas enfermedades están presentes actualmente en cultivos de soja de la zona núcleo, con distinta severidad según zonas.

 

Reconocimiento

En el monitoreo a campo es importante reconocer estas enfermedades, dado que requieren distintos criterios de control. Asimismo, es necesario distinguir los daños de las enfermedades fúngicas (que pueden ser controladas) de daños los similares causados por bacterias, quemado por el sol o por fitotoxicidad de herbicidas o coadyuvantes.

En un trabajo desarrollado por Emilio Satorre y Federico Bert, de Cultivar Conocimiento agropecuario, se indica que, por tratarse de patógenos necrotróficos, el inóculo de estas enfermedades está presente en semillas y rastrojo, y su magnitud está fuertemente influenciada por la rotación y por el sistema de labranza.

Los síntomas de la mancha marrón comienzan en las hojas inferiores y se propagan hacia arriba por salpicaduras de lluvia. Inicialmente se observan manchas cloróticas. Luego, el centro de las manchas se necrosa y es rodeado de un halo clorótico. Finalmente, la hoja se pone amarilla y senesce prematuramente.

La mancha marrón puede confundirse con hojas afectadas por estrés hídrico y con tizón bacteriano. En el caso del estrés hídrico, la diferencia es que las hojas no presentan manchas necróticas. En el caso del tizón bacteriano, las manchas suelen comenzar en las hojas superiores, las láminas se rajan en las lesiones y los bordes se necrosan pues la bacteria se contagia con el roce de las hojas.

 

Monitoreo

El efecto de las enfermedades sobre el rinde depende del nivel de infección y de la condición del cultivo. El monitoreo tiene como objetivo determinar el tipo de enfermedades presentes y el nivel de infestación. Sobre esta base se decide la conveniencia de un control químico en cada lote.

El monitoreo pretende cuantificar el nivel de incidencia y severidad de las enfermedades de fin de ciclo. Se puede utilizar el siguiente procedimiento, propuesto por Satorre y Bert:

  • Comenzar el monitoreo hacia fin de la etapa de expansión de hojas (usualmente R2) y extenderlo hasta R6.
  • Realizar el monitoreo en los mismos sitios de muestreo de plagas y con la misma frecuencia.
  • En cada sitio de muestro se deben tomar dos plantas al azar.
  • Eliminar ramas y contar número total de hojas verdes (hojas que tengan más de 20% de área verde) del vástago principal.
  • Tomar las hojas verdes y luego separar el folíolo central de cada hoja verde; si está dañado, tomar el izquierdo.
  • Contar número de folíolos con presencia de enfermedades de fin de ciclo.
  • Calcular la Incidencia de enfermedades de fin de ciclo como número de folíolos enfermos / número de folíolos sanos.
  • Estimar la severidad utilizando una escala cualitativa de Baja, Media o Alta.

 

Control

Numerosos ensayos en distintas zonas productivas han mostrado aumentos de rinde por el control de enfermedades en soja. No obstante, Satorre y Bert advierten que “la chance de encontrar respuestas a la aplicación de fungicidas y su magnitud depende del tipo y nivel de enfermedades presentes (medido en el monitoreo) y del estadio fenológico y potencial de rinde del cultivo”. Así, los criterios de control que proponen se basan en estas variables.

  • Antes de R3: Se controlan con niveles relativamente altos, dado que aún no se alcanzó el período crítico de generación de rinde. Se propone tratar cultivos de condición de rinde medio-alto y con bajo estrés cuando la incidencia de las enfermedades de fin de ciclo es mayor a 60%. No se sugiere controlar si la severidad es baja.
  • R3-R5: Se controla con niveles relativamente bajos, ya que se trata del período crítico del cultivo. En sojas con alto potencial de rinde, para cuidar las hojas, se sugiere controlar desde niveles muy bajos: 20% de incidencia de enfermedades, independientemente de la severidad. En cultivos con bajo rinde potencial (por ejemplo menos de 2800 kg/ha) es posible aumentar los niveles para el control: desde 30% de incidencia de enfermedad, con severidad media o mayor.
  • Después de R5: Luego de finalizado R5, el rinde está prácticamente definido, por lo que los niveles de enfermedad para el control aumentan a valores semejantes a los detallados para estados anteriores a R3.

Los niveles de incidencia y severidad para decidir el control mencionados en los ítems anteriores son sólo orientativos y podrían modificarse o evaluarse en función de la condición del cultivo al momento de la decisión, las perspectivas meteorológicas y la relación precio de grano /costo de aplicación.

Las respuestas medias esperables por el control de enfermedades con fungicidas, si bien presentan considerable variabilidad, frecuentemente varían entre los 200 y 300 kg/ha. En general, las mayores respuestas se encuentran con aplicaciones cercanas a R3. Aplicaciones más tardías (por ejemplo en R5) suelen mostrar respuestas menores.

La posibilidad de manejar las enfermedades de soja a través del uso de fungicidas eficaces en situaciones monitoreadas permite recuperar una buena parte del rendimiento. Sin embargo, es importante reconocer que la rotación de cultivos reduce la cantidad de inóculo en los lotes y, en muchos casos, disminuye la necesidad de uso de fungicidas en los cultivos de soja.