Gusano blanco, una plaga por monitorear antes de implantar trigo

La siembra directa y el incremento de los cultivos invernales son factores predisponentes para que esta especie vuelva a manifestarse

14/05/2019 | 2:00

Los gusanos blancos son insectos del suelo cuyas larvas dañan específicamente a cultivos invernales (trigo, cebada, arveja, lenteja) o siembras tempranas de cultivos estivales (maíz, sorgo, girasol). Dentro de este grupo se encuentran decenas de especies, pero la que predomina en cantidad y la que posee el mayor potencial de daño es Diloboderus abderus Sturm conocido vulgarmente como “bicho torito”.

 

Ciclo biológico

Esta especie completa su ciclo biológico en un año. Los adultos, único estadio que transcurre sobre la superficie del suelo, aparecen en diciembre y desde enero a marzo ocurren las oviposiciones. Luego de unos 15 días aparecen las larvas, etapa perjudicial para los cultivos, entre los meses de febrero a noviembre. A partir de mediados de octubre y noviembre, las larvas ingresan al estado de prepupa y pupa, en los cuales ya no consumen alimento, por lo cual no hay daño.

Biología y ciclo estacional del bicho torito en función del cultivo de trigo

 La falta remoción del suelo favorece la oviposición y el posterior nacimiento de larvas; por ello, en lotes en siembra directa o con pasturas perennes las condiciones son predisponentes para su desarrollo. Esto puede o no traducirse en daños en el cultivo, ya que aquí comienzan a interactuar otros factores como la temperatura y humedad del suelo, y la presencia de controladores naturales parasitoides.

En bajas densidades, esta plaga puede generar beneficios a las características físicas y químicas del suelo por aumento de la capacidad de infiltración debido a las galerías construidas y la incorporación y descomposición de materia orgánica generando reciclaje de nutrientes.

 

Identificación de la especie

Resulta de vital importancia realizar el reconocimiento a campo de las especies encontradas y tomar las medidas necesarias para su control. Las características que permiten diferenciar fácilmente a las especies son:

  • Tamaño de la larva: desde mayo a octubre, la larva de D. abderus es la única que presenta un tamaño mayor a 5cm, siendo las otras menores a 3,5cm.
  • Color de la cabeza: el color de la cabeza de es marrón rojizo (borravino), mientras que las otras especies tienen cabeza color castaño bien claro (ver foto).
  • Tamaño de la cabeza: en el caso de D. abderus, el ancho de la cabeza es casi similar al ancho del cuerpo, mientras que en las otras especies la cabeza es bastante más angosta que el ancho de su cuerpo.

Larvas de bicho torito

Daños

A partir del segundo estadio, las larvas comienzan a alimentarse de semillas, raíces y plantas, llegando al máximo daño durante el tercer estadio y en la salida del invierno.

Los síntomas del daño se evidencian por el marchitamiento, secado, mortalidad y disminución de la densidad de plantas, lo que se observa en manchones de suelo desnudo en el lote, debido a la distribución agrupada que caracteriza de la especie. Esto trae como consecuencia final mayor incidencia de malezas y mermas en el rendimiento.

 

Monitoreo

El primer indicador de la presencia de larvas en el lote es la observación de montículos de tierra en la superficie del suelo. El muestreo posterior consiste en realizar pozos de 50 x 50cm de superficie (1/4 de metro cuadrado)  y de 30cm de profundidad procurando alcanzar una distribución uniforme del lote. Se sugiere realizar unos 10 pozos para lotes mayores a 30 hectáreas.

De cada pozo se obtiene una muestra de suelo, en la cual debe realizarse la observación de toda la tierra mediante un desterronado manual y registrar la totalidad de larvas de gusanos blancos presentes, para luego obtener el número de larvas por metro cuadrado. Se recomienda realizar este monitoreo previo a la siembra, pero no muy anticipadamente.

 

Nivel de daño económico 

Considerando costos medios de control y la incidencia de la plaga, se considera que 5 a 6 larvas por metro cuadrado de bicho torito se traduce en una merma del 10% del rendimiento de trigo. En el caso del maíz, debido a la menor densidad de plantas del cultivo y por ello a un mayor potencial de daño, el nivel de daño económico (NDE) es menor, existiendo diferencias en la bibliografía, que van desde 0,5 larvas por metro cuadrado hasta 17 larvas por metro cuadrado. Estas diferencias son debidas a las pocas evaluaciones realizadas a campo y a los numerosos factores que inciden en la determinación del nivel, que aún no se han contemplado en profundidad.

 

Métodos de control

Control cultural

Cuando no se utilizaba siembra directa, la preparación de la cama de siembra era el principal método de control de estos gusanos.

Otra estrategia de control se asocia al atraso en las fechas de siembra de trigo y de maíz: en el trigo en siembras tempranas, las plantas están expuestas a un mayor daño al coincidir con temperaturas todavía elevadas y mayor actividad de las larvas; en el maíz en siembras tardías se estaría esquivando la tercer etapa de larvas de la especie.

 

Control natural y biológico

En épocas de sequía, las larvas se entierran a mayor profundidad, lo que disminuye el daño ocasionado al cultivo; algo similar ocurre cuando las temperaturas se mantienen frías por largos periodos.

En cuanto a los enemigos naturales, los microorganismos causantes de enfermedades (hongos, bacterias, etc.) son mecanismos importantes para el control biológico de estas especies, pero su aparición está determinada por condiciones de suficiente humedad y temperaturas cálidas.

También se puede encontrar el parasitismo en larvas, especialmente causado por Himenópteros (avispas), que debe ser preservado mediante el uso racional de los insecticidas utilizados.

 

Control químico

La estrategia de mayor eficiencia de control, alrededor de un 70%, es el uso de insecticidas en el tratamiento de semillas. Productos como tiodicarb, tiametoxán, teflutrina e imidacloprid demostraron ser eficientes para este tipo de aplicación.

Si bien este método se lo considera preventivo, debe usarse solo si se constata que en el lote hay presencia de larvas por encima del NDE. Debido al porcentaje de eficiencia de control, en lotes con más de 20 larvas por metro cuadrado, este método dejaría un número de larvas vivas que aun superarían el NDE, por lo que habría que combinarlo con otra estrategia de control, realizando una gestión integrada de control de esta plaga.

También podrían aplicarse insecticidas en el surco de siembra, lo que permite una mayor dosis por superficie, y por ello, un periodo de protección más largo, pero se necesitan de equipos especiales para su aplicación.

Por último, la pulverización de insecticidas en cobertura total sobre la superficie del suelo muestra resultados erráticos que nunca superaron el 50% de eficiencia en el control.

 

Fuente: Aapresid