Sigue el debate en torno del trigo transgénico
Argumentos en favor y en contra del HB4, el material resistente a la sequía
22/04/2019 | 6:00“El trigo transgénico es la agricultura que viene, con eventos de desarrollo muy rápido y asociaciones entre los actores de las cadenas; pone sobre la mesa un problema que se debe solucionar. Hay que trabajar en conjunto, sector público y privado, para poder aprovechar esta ventaja genética”, opinó el consultor Alejandro Meneses, en una entrevista concedida a Canal Rural.
“Hay que estar atentos, ágiles, con las cabezas abiertas, para avizorar el mercado de la agricultura que viene; se empieza a jugar un partido distinto al que jugábamos, con otros actores, y no podemos quedarnos cómodos con lo de antes. Además, la coyuntura es la gran excusa para no hacer el cambio y es lo que no deja ver qué es lo que viene”, agregó.
“El trigo transgénico muestra que la agricultura argentina tiene capacidad de desarrollo, pero también pone en evidencia que no hubo un trabajo conjunto, interdisciplinario, para poder aprovecharlo comercialmente; habrá que aprender de esta experiencia para proceder distinto con el segundo evento. Por lo visto, no tenemos desarrolladas las personas ni las ideas que puedan llevar adelante estas iniciativas”, concluyó Meneses.
La otra campana
Por su parte, Fernando Rivara, presidente de la Federación de Acopiadores, se ubica en la posición contraria. “El acopio no tiene problemas con la transgenia; compartimos el mérito de científicos argentinos que se ubican a la cabeza en desarrollo tecnológico; felicitamos a los creadores del trigo transgénico”, dijo, a modo de introducción.
“No obstante, ponemos reparos porque hoy no hay países compradores de trigo transgénico. Además, la Argentina tiene el 8 por ciento del mercado internacional del trigo; con esa participación no se pueden imponer condiciones a los compradores”, advirtió.
Según Rivara, la segregación que se propicia es inviable. “El producto que se va a segregar debe tener un valor superior para ser segregado y para que la diferencia de precio compense el costo el almacenaje independiente. En el caso del trigo transgénico es al revés: se podrá destinar a alimentación animal, a energía o a venta a algún país que lo acepte, pero siempre a valor menor”, explicó el empresario.
Además, remarcó que en la Argentina no hay infraestructura para segregar y la contaminación de partidas se dará fácilmente con las cosechadoras, con los camiones y en las plantas de silos. “Hay que considerar que un análisis PCR, para identificar el trigo transgénico, cuesta más de 5000 pesos, tarda 7 días y lo hacen pocos laboratorios; entonces no se puede tener una fila camiones en las plantas esperando el resultado de los análisis”, alertó.
La propuesta de los acopiadores, explicada por Rivara, es: “salgamos a hablar con los países vendedores de trigo, para hacer un frente común, y después vayamos a convencer a los clientes”. El titular de los acopiadores recordó que Australia tiene trigo transgénico resistente a sequía desde 2003 y no lo aprueba. Estados Unidos logró algo similar en 2004 y tampoco lo autoriza por las restricciones que imponen los importadores.
“Hay que tener cuidado con estos nuevos productos porque hay 30.000 productores trigueros que pueden sufrir una catástrofe si la comercialización del trigo transgénico se maneja sin responsabilidad”, desafió.
