Alerta por la presencia de roya estriada en trigo
Especialistas del INTA Paraná recomiendan aumentar la frecuencia de monitoreos
24/08/2018 | 6:00
Considerada una de las enfermedades más importantes del trigo a escala mundial, la roya estriada o amarilla puede afectar todos los estados fenológicos del cultivo con gran impacto económico.
Norma Formento –especialista del INTA Paraná, Entre Ríos– confirmó la detección temprana de esta afección en María Grande, una localidad perteneciente al Departamento de Paraná, aunque también se observan ataques en otras zonas.
Frente a esta evidencia, recomendó “aumentar la frecuencia de los monitoreos y observar con detenimiento las hojas inferiores de los cultivos”. Una vez confirmada la presencia de la enfermedad en variedades susceptibles, se debería evitar que supere el 10 % de incidencia.
“Si bien la roya era considerada una enfermedad ocasional, desde 2000 se expandió por el mundo y la población original de razas fue reemplazada por otras nuevas”, explicó Formento, quien agregó: “Estas, de mejor adaptación, fueron agresivas a temperaturas más altas (18°C) y podrían ser la causa de la expansión geográfica y de las recientes epifitias”.
Variedades de buen comportamiento
La técnica subrayó la importancia de “utilizar variedades comerciales de trigo con buen comportamiento frente a roya estriada o amarilla”, lo que consideró “una técnica de manejo eficaz, de costo bajo y amigable con el ambiente”.
En materia de resistencia, Formento especificó que “en el mercado, se encuentran disponibles numerosos cultivares de muy buen comportamiento a la enfermedad”, al tiempo que explicó que existen dos tipos de resistencia a las royas: de plántula o de planta adulta.
En el primer caso, la resistencia es controlada por un solo gen, mientras que en el segundo depende de uno o más genes, por lo que la resistencia es más durable, aunque de protección incompleta.
“Sin embargo, los cambios rápidos que ocurren en la virulencia del patógeno pueden quebrar la resistencia de las variedades que presentan solamente resistencia de plántula y, para minimizar los efectos negativos, será necesario realizar monitoreos frecuentes y posiblemente utilizar fungicidas”, reconoció Formento, quien advirtió que “las pérdidas en variedades susceptibles pueden rondar entre el 40 y 50 % si no se realizan tratamientos”.
Por su parte, Enrique Alberione, del INTA Marcos Juárez, recomienda aplicaciones foliares de fungicidas en cuanto aparecen los primeros síntomas. Los productos más empleados son triazoles y estrobirulinas.
En cuanto a los registros de la enfermedad, Formento recordó que en 2010 fue detectada en lotes de producción de Viale y Hasenkamp (Paraná), Maciá (Tala) y Perdices (Gualeguaychú). En 2015, se la registró en Oro Verde (Paraná) en pocas hojas de una variedad susceptible. En 2016 y 2017, la enfermedad se diseminó rápidamente por toda la región pampeana y extrapampeana con altos niveles de severidad en cultivares muy sembrados por los productores trigueros.
Se trata de un patógeno capaz de afectar todos los estados fenológicos del cultivo. Históricamente, fue importante en regiones frescas y húmedas como el norte de Europa, región mediterránea, medio este y oeste de Estados Unidos, Australia, este de África, China, India, Nueva Zelanda y región andina de América del Sur.
Fuente: INTA
