Las mejores herramientas para controlar malezas resistentes a herbicidas

Aconsejan importantes cambios en el manejo para revertir la tendencia de los últimos años 

26/06/2018 | 6:00

Según los últimos relevamientos, hay más de 13 millones de hectáreas con yuyo colorado resistente a glifosato, 8 millones con Chlorídeas, 5 millones  con pata de gallina, otro tanto con capín, una cifra similar con sorgo de Alepo y cerca de 2 millones con raigrás, todas resistentes a glifosato, por citar algunas de las más importantes.

Estos cambios en la flora adventicia tuvieron un gran impacto en los costos de control, por mayor necesidad de uso de herbicidas. Si bien esto es lo que más preocupa al productor porque erosiona marcadamente su rentabilidad, hay otro efecto muchas veces soslayado, que es el ambiental. El mayor uso de herbicidas aumentó el impacto ambiental, con valores variables pero en torno al 30%.

El mayor efecto se manifiesta en los barbechos, donde se requiere el mayor uso de herbicidas y es más importante en maíz que en soja, debido a que en este cultivo se utilizan productos con un mayor impacto (atrazina y metolaclor).

Al mismo tiempo, la permanente aparición de nuevas resistencias tiene como consecuencia las pérdidas de valiosas herramientas químicas, mientras que la generación de nuevas por parte de las compañías es reducida. Al perder herramientas químicas de control, muchas veces deben reemplazarse por otras de menor eficacia o de mayor costo. Además, hay casos en los que no hay herramientas de reemplazo, como el control posemergente de rama negra en soja si se genera resistencia a los herbicidas inhibidores de ALS o de yuyo colorado si desarrolla resistencia a los PPO.

 

Se necesitan cambios

Queda claro entonces que deben realizarse importantes cambios en el manejo de malezas para revertir esta tendencia de los últimos años de permanente generación de biotipos resistentes. Con esta visión, pueden mencionarse una serie de recomendaciones generales en este sentido:

Rotaciones de cultivos: Un período de barbecho muy largo es el caldo de cultivo para cualquier especie de maleza, al dejarle todos los recursos disponibles (agua, luz, nutrientes). El suelo debe estar siempre ocupado, tanto como el ambiente lo permita, es decir que es necesaria una mayor intensificación. Además, esta ocupación debe ser diversa. Entonces, el mejor sistema es el más diverso que se adapte a la zona agroecológica.

La intensificación y la diversificación tienen implicancias en lo económico. El objetivo del ingeniero agrónomo ha sido normalmente maximizar el margen bruto por hectárea, cuando la premisa debería ser lograr sistemas lo más diversos posibles con margen bruto positivo, aunque no necesariamente sea el mayor posible. A su vez, el margen debería considerarse más a mediano y largo plazo, y no en el lapso de la campaña, que no contempla gran parte de los impactos  positivos y negativos generados.

Cultivos de cobertura: son una buena herramienta para cumplir con la premisa anterior, de intensificación y diversificación de cultivos. Su potencial es muy alto en muchos aspectos y es necesario definir cuál será nuestro objetivo antes de sembrarlo. También es imprescindible determinar qué malezas se pretende controlar y conocer las curvas de emergencia de cada especie, para elegir el mejor cultivo de cobertura y un manejo agronómico acorde.

Aporte de la ganadería: Es conocido que las pasturas perennes reducen el stand de malezas, pero mucho depende del tipo de maleza, el banco que genera, etc. La implantación de pasturas es una práctica muy valiosa para controlar malezas, pero comenzando con bajas poblaciones; de lo contrario el éxito será relativo. Si ya hay un crecimiento desmedido no se podrá prescindir del uso de herbicidas.

La ganadería tiene la ventaja de incluir una rotación larga con pasturas y otra corta con verdeos, lo que agrega diversidad al sistema y control de malezas «a diente».

Control químico: En los próximos 10 ó 20 años vamos a seguir dependiendo mayoritariamente de los herbicidas porque son económicos y sencillos de usar, y los resultados son rápidamente visibles. Sin embargo, hay que racionalizar su uso; la presión social va a condicionar los productos que podremos usar. La agricultura de precisión puede ayudar en este sentido y la calidad de aplicación también cobrará mayor importancia.

El productor se dio cuenta de que los productos residuales no son una opción sino una obligación, pero se manejan casi intuitivamente, sin conocer la biología de las malezas. Conocer esto aumenta la eficiencia del herbicida.

Biotecnología: Lo deseable sería que estén todas las tecnologías disponibles, separadas y en sus combinaciones, en las distintas variedades e híbridos. Pero es muy difícil que los semilleros puedan tener todas las opciones y lo más probable es que se terminen apilando muchos eventos.

Control mecánico: Para contextualizar, debe recordarse que en grandes zonas de nuestro país se hace agricultura gracias a los beneficios de la siembra directa, en especial en el ahorro de agua. Al mismo tiempo, el mundo va en busca de un menor consumo de combustibles fósiles; si se volviera a hacer labranza estaríamos yendo en el sentido opuesto.

Es importante considerar que cuando se hace siembra directa como sistema de producción -y no solo como práctica de sembrar sin remoción- no se tienen normalmente grandes problemas de malezas.

Los casos en los que puede ser necesario un control mecánico no son masivos, sino esporádicos. Más aún, si el problema es yuyo colorado o gramíneas anuales, la labranza agregaría más problemas. Tampoco sería adecuado incluirla en un programa donde deba hacerse cada determinada cantidad de años, como regla. Donde presenta algún beneficio es en malezas perennes, en situaciones que arrastran problemas por manejos deficientes.

El control mecánico también incluye el uso de herramientas que no disturban el suelo, como es el caso del rolo faca, utilzado en el NOA con buenos resultados, sobre todo para control de gramíneas perennes.

Manejo del cultivo: Ninguna medida de manejo del cultivo de manera individual será la solución, pero se complementan muy bien con todas las medidas anteriores; es decir que el manejo del cultivo ayuda.

Una limitante para su mayor adopción es que el manejo cultural “no se vende”. Al no beneficiarse ninguna empresa directamente, no tiene demasiada promoción, como sucede con un producto comercial.

El conocimiento de la habilidad competitiva de los materiales es muy importante; existe alguna información, pero es claramente insuficiente. Este carácter no está en los planes de mejoramiento de los genetistas y debería estarlo con el futuro que se presenta, considerando que, en muchos casos, el driver del sistema productivo ya no es el rendimiento sino las malezas.

 

Una mirada diferente

Es necesario entonces tener una mirada diferente, en la que todas las prácticas se complementen y el control químico sea la última herramienta para las malezas que lograron sortear las demás, pero no como única herramienta de manejo, repetida en el tiempo cuantas veces sea necesario. Con esta visión, se pueden mencionar algunos ejemplos desde los más simples a los más complejos:

Un experimento de Theisen y Bastiasns (2015) demostró que incorporando patines a ambos lados de la cuchilla de corte de la sembradora, de manera que la remoción de tierra sea mínima, el nacimiento de malezas se reducía marcadamente. A su vez, este efecto se potenciaba disminuyendo la velocidad de siembra.

En Australia se pudo ver que cambiando la dirección de siembra en sentido Este-Oeste, se disminuía el crecimiento de malezas respecto a la dirección Norte-Sur, porque el cultivo sombrea más el entresurco.

En la Chacra Bandera de Aapresid (Santiago del Estero) se pudo ver cómo el uso de cultivos de cobertura disminuía marcadamente los nacimientos de malezas, aún un tiempo después del secado de la cobertura. Si luego de este secado se incorporaba un herbicida residual, el efecto de control se potenciaba, siendo mejor que el herbicida utilizado de manera aislada y la cobertura aislada.

En este mismo lugar se alcanzaron excelentes controles de malezas, tanto con el uso de diferentes cultivos de cobertura (vicia, melilotus, centeno), cultivo de cosecha invernal (trigo) y barbecho químico, pero en este último caso fueron necesarias cuatro aplicaciones de herbicidas para llegar con el lote limpio al cultivo siguiente, mientras que con las otras opciones fueron necesarias solo una o dos intervenciones químicas.

Davis (2012) hizo un estudio de ocho años de duración en EE.UU., donde demostró que intensificado y diversificando la rotación habitual de la zona (soja-maíz) con cultivos de invierno y pastura, se puede mantener la productividad y las ganancias, disminuyendo el impacto ambiental por menor uso de herbicidas, nitrógeno externo y energía.

Los cambios necesarios son de diferente nivel de complejidad, como puede apreciarse. Sin embargo, la realidad parece estar un poco distante de esto. En una encuesta realizada el año pasado a productores Aapresid, se mencionó a las “aplicaciones tardías, con mayor tamaño de maleza que el adecuado”, como la principal limitante que incidió en fallas de manejo de malezas. Es decir que aún tenemos grandes falencias en temas que parecerían bastante sencillos de resolver. No obstante, hay numerosos productores intentando cambios en sus sistemas de producción para volver a tener a las malezas bajo control y no al revés.

 

Desafíos

Los desafíos por delante son muchos y los profesionales tenemos un gran rol por cumplir:

  • Encontrar los mejores herbicidas para cada maleza
  • Desarrollar las mejores estrategias para más de una maleza en forma simultánea
  • Mejorar las aplicaciones en lo referido a compatibilidad de mezclas, limpieza de tanques y nuevas tecnologías.
  • Evitar los problemas de carry over y fitotoxicidad
  • Minimizar el impacto ambiental
  • Desarrollar el manejo no químico

 

 

Fuente: Martín Marzetti. Aapresid