Todo lo que hay que saber para el control de plagas y enfermedades en soja y maíz

Tips para decidir tratamientos

12/01/2019 | 9:19

En la campaña pasada, la plaga de la soja que predominó en la zona de influencia de Venado Tuerto fue la isoca medidora, seguida del complejo de chinches, oruga bolillera y arañuela. También hubo, en menor medida, aplicaciones destinadas a trips. Es importante mencionar al barrenador del brote, que reapareció en la última campaña luego de muchos años que no se veía. En soja de segunda se aplicó para arañuela y medidora.
En una reciente reunión realizada en Venado Tuerto, Ariel De Loredo, de Agromonitoreo, explicó que hay diferentes plagas que atacan en distintas zonas. “Hay años que son más problemáticos por defoliadoras y otros donde aparecen arañuela o chinches. A nivel general, se observa que las orugas vienen disminuyendo la presión al contrario de lo que sucede con las chinches que crecen año a año, lo cual es preocupante porque los daños que causan son importantes”, advirtió.
Los productos que más se aplicaron para defoliadoras fueron los piretroides, seguidos de las bisamidas; para chinches se usaron los neonicotinoides y los piretroides.

Manejo de plagas
Con relación a cómo se deben manejar las plagas, De Loredo apuntó que “lo primero que se debe hacer es dejar de lado el paradigma del umbral de daño económico”, ya que varios umbrales están tomados para plagas aisladas y muchas veces se suman más de una en un mismo momento.
Ariel dividió a las plagas en dos grandes grupos: las que afectan en forma directa el rendimiento, es decir, el número y el peso de granos, como son el complejo de chinches, Anticarsia, Heliotis, etc., y las que afectan en forma indirecta, al dañar el área foliar y la distribución de las plantas, como las orugas defoliadoras, trips y arañuelas, entre otras.
Antes de realizar un tratamiento, primero hay que identificar la especie, conocer aspectos básicos de su ciclo biológico, cuantificar la población y luego plantear estrategias de control. Las mejores decisiones parten de un buen diagnóstico y éste parte de un buen monitoreo.
Dentro de las plagas que afectan el rendimiento en forma directa están Anticarsia, Heliothis y Cosmioides. El daño es mayor cuando atacan temprano, por ejemplo, en R3–R4, ya que comen la chaucha entera, mientras que en R6 comen solo algún que otro grano.
Heliothis, conocida como bolillera, al nacer hace un daño muy pequeño en hojas formando una telita para luego ir al brote, ya que ahí encuentra la proteína que necesita. “Al comer el brote corta la dominancia apical y esa soja empieza a emitir brotes laterales con tallos gruesos”, explicó De Laredo.
“Es una plaga que saca muchos kilos imperceptiblemente porque no es sencillo monitorearla debido a que no está distribuida en forma pareja en el lote. Cuando se cuenta un promedio de un individuo por metro cuadrado ya hay daño”, agregó.
En el manejo de chinches hay dos cuestiones: 1) saber identificarlas, ya que no todas son iguales de peligrosas, y 2) ver el momento de ataque, ya que el daño es distinto de acuerdo cuando pican. Cuando más perjuicios causan es en el momento de formación de vainas, y provocan que se retuerzan, se sequen y caigan.

Dentro de las plagas que afectan la distribución de las plantas figura el bicho bolita. En la parte del lote donde hay manchones con esta plaga no quedan plantas de soja en pie. No ataca al maíz; es una plaga específica de la soja y del girasol.
Los daños de esta plaga empiezan a ser importantes después de cuatro o cinco años, ya que al principio los individuos están aislados y recién luego de ese periodo empiezan a formar colonias. Con más de 100 bichos bolitas por metro cuadrado seguramente se producen daños.
Entre las isocas defoliadoras, la medidora incide principalmente en la estética de la planta de soja porque come hojas. La oruga de las leguminosas, Anticarsia gemmatalis, también come granos. Este complejo de defoliadoras vive entre 15 y 25 días, y consume el 85% en los últimos estadios larvales.
Ante ataques de arañuelas y trips que afectan el área fotosintética, lo primero que debe hacerse es ver si los insectos están en la parte inferior, media o superior del follaje del cultivo y qué porcentaje del área foliar dañan.

Protección del maíz
En la campaña pasada, las aplicaciones de insecticidas en maíz fueron exclusivamente para cogollero y en todos los casos se usaron bisamidas. El promedio de tratamientos para la zona de Venado Tuerto fue de 0,3 por lote. El maíz tardío aumentó el porcentaje de aplicaciones para cogollero con respecto al temprano.
Esta plaga cobra cada vez más importancia en el maíz. “En el comienzo del ataque forma ventanitas en las hojas y al final se observa un aserrín”, contó Ariel.
“Si se alcanza a observar a la oruga recién nacida y se hace una aplicación, se puede lograr un control del 60%; si ya algunas empezaron a meterse en el cogollo, se baja a un 30% la eficiencia de control. Una vez dentro del mismo, con cualquier producto que se aplique la eficiencia no va a llegar al 5%”, diferenció De Loredo.
“Lo ideal no es hacer monitoreo al azar, si no hacer dirigido, es decir ir directamente al daño”, detalló.
“La enfermedad más importante del maíz en la zona núcleo es la roya, y en segundo lugar se ubica el tizón, que es menos frecuente y más vinculada a maíces tardíos. Después aparecen otras como la bacteriosis, que empezó a verse con más frecuencia en las últimas campañas y todo el complejo de podredumbres de raíz y tallo”, describió el consultor Franco Petrelli.
Para enfermedades de la hoja en maíz, dijo que toman puntos de monitoreo en función de la superficie y de la homogeneidad de los lotes. Para potreros de menos de 40 hectáreas se establecen 3 puntos; entre 40 y 80 hectáreas, 6 puntos y para más de 80 hectáreas, 9 puntos.
En cada punto se toman 10 plantas al azar. La roya se evalúa desde V6-V7 hasta R1; el tizón, desde V6-V7 hasta R2 (en un maíz tardío se puedo estirar hasta R4).
La frecuencia del monitoreo es semanal, lo que va a depender también de la presión de la enfermedad y de la susceptibilidad del híbrido.
Con respecto a las metodologías, Franco las divide en dos de acuerdo con la fenología del cultivo: a) hasta V12 se evalúan todas las hojas verdes b) después de V12 se evalúan la hoja de la espiga más y menos una.
Para roya se cuentan las pústulas. Con esos datos, se establece un promedio por hoja de cada lote. Para tizón se cuentan las manchas; es más importante el aumento del tamaño de una mancha que el número de éstas, por lo que se miden centímetros de manchas por hoja.
Una vez recolectada la cantidad de pústulas por hoja en el caso de roya, hay que trasformar ese dato en Severidad, es decir el porcentaje de la hoja que está afectado. “Hasta V8, cinco pústulas promedio por hoja representan 1% de Severidad; después de V8, diez pústulas representan 1% de Severidad, debido a la mayor cantidad de área foliar que tiene el cultivo en estadios posteriores”, aclaró Petrelli.
En roya, por cada porcentaje de Severidad se pierden casi 10 kilos de maíz para una tonelada de rendimiento. En tizón, por cada porcentaje de Severidad se pierden 20 kilos de maíz por tonelada de rendimiento.
Con respecto a los umbrales de daño económico, Franco dijo que son dinámicos y prácticamente se considera un umbral de daño por lote. Este concepto considera la información que brinda el monitoreo, el perfil sanitario del cultivo, las condiciones climáticas (si predisponen o no para la enfermedad) y el rendimiento potencial que puede tener el híbrido en ese momento. También se debe tener en cuenta precio del maíz y del producto químico por aplicar.
Al finalizar, Petrelli remarcó la necesidad de conocer el perfil sanitario del híbrido sembrado, porque la respuesta a la aplicación de fungicida es mayor cuando la enfermedad se detecta temprano.

Enfermedades en el cultivo de soja
Para cerrar la jornada, Analía Curti, de la consultora CBAgro, pasó revista a las principales enfermedades de la soja.
“Venimos de una campaña pasada muy seca en los estados vegetativos y con temporales durante la madurez fisiológica, lo que afectó la calidad de la semilla por ataques de hongos”. Ante esto, era recomendable llevar muestras a laboratorio para hacer análisis de carga fúngica, además de conocer el poder germinativo y el vigor.
“Muchos semilleros vendieron bolsas con poder germinativo menor al de otros años y con presencia de patógenos, como Cercospora o Fusarium. En consecuencia, se han descartado muchos lotes de semillas, pero otros tantos se han usado. Es clave usar la herramienta de análisis de semilla para iniciar un cultivo conociendo lo que puede llegar a pasar”, explicó Curti.
Analía contó que, en lotes que ella asesoró, el 12 de noviembre del año pasado llovió 130 mm luego de la siembra de soja de primera y hubo muchos problemas de muerte de plántulas por damping off y planchado de suelo. Por esto se llegó a resembrar el 10% de los lotes quedando algunos con bajo stand de plantas.
“Es clave que el cultivo se inicie con una buena calidad y sanidad de semillas, no solo para no tener problemas en la implantación, sino también para evitar el ingreso de patógenos a los lotes”, resaltó Curti.
Respecto del monitoreo de enfermedades, Analía detalló que utilizan protocolos y se trabaja dentro de un programa de manejo integrado de enfermedades. El monitoreo no es solo dentro del cultivo si no que comienza antes, considerando la calidad y sanidad de la semilla, el tratamiento que recibe, los pronósticos climáticos (que van a determinar distintos avances de las enfermedades), y el cultivo antecesor.
“Se ve mucho más avance de enfermedades en monocultivo de soja, ya que el rastrojo es uno de los inóculos principales de las enfermedades necrotróficas”, advirtió la especialista.
La frecuencia del monitoreo es semanal, desde emergencia hasta R7, con estaciones de muestreo que determinan la Incidencia y Severidad de las enfermedades que se pueden presentar.
Curti consideró que el diagnóstico de campo se debe corroborar en el laboratorio. Por ejemplo, se pueden tomar foliolos que parecen tener síntomas de enfermedades para constatar o no los mismos síntomas en laboratorio, ya que hay muchas enfermedades que generan confusión.

Enfermedades frecuentes
En enfermedades de gran prevalencia que requieren un considerable número de aplicaciones, como Septoria glicines, el inóculo está en el rastrojo y se disemina por salpicado colonizando el estrato inferior de la planta. Para decidir una aplicación se considera el porcentaje de la planta afectada por esta enfermedad. Otra opción es ver qué porcentaje de nudos afectados por la enfermedad hay en el tallo principal, con relación a la cantidad total.
Cercospora kikuchii (tizón morado de la hoja) es una enfermedad que suele explotar en los últimos estadios del cultivo, a partir de R5, manifestándose en el estrato superior, por lo que se evalúa considerando la incidencia en altura de planta. Además, esta enfermedad ocasiona manchas púrpuras en la semilla.
Otra enfermedad frecuente es Cercospora sojina (mancha ojo de rana), que suele generar confusiones en el diagnóstico. Se trata de una mancha circular con un halo violáceo oscuro alrededor sin halo clorótico, lo cual ayuda a reconocerla a campo.
Hay manchas en hojas que generan confusión; en muchos casos suelen ser consecuencia de la aplicación de aceites que causan fitotoxicidad en la soja y pueden complicar el diagnóstico.
Las enfermedades de raíz y tallo están siendo más frecuentes. “El año pasado se vio bastante cancro del tallo y hay especialistas que hablan del resurgimiento de Sclerotinia sclerotiorum y del síndrome de muerte repentina”, alertó Curti. Son enfermedades en las cuales no se puede actuar con aplicaciones de fungicida. Por eso, las enfermedades deben manejarse de manera integrada, con variedades resistentes, semillas libres de esclerocios, etc.
A modo de conclusión, Curti dijo que “el manejo de enfermedades en soja comienza con la planificación de la campaña y es clave tener un diagnóstico de calidad y sanidad de la semilla para saber desde donde se parte. Para no realizar diagnósticos errados, es importante el trabajo interdisciplinario, hablar con especialistas, ir a la bibliografía y el intercambio entre colegas, ya que todo esto facilita la toma de decisiones”.

Fuente: Aapresid