Incendios en La Pampa: “Cuando falta prevención, el fuego se vuelve imparable”
Productores del oeste pampeano describieron una situación crítica por los incendios rurales que ya afectaron cerca de 150.000 hectáreas. Marcos Alfonso, productor de Miguel Riglos y General Acha, explicó por qué el fuego avanza y apuntó a la falta de mantenimiento de picadas como uno de los factores clave.
15/01/2026 | 2:16La situación por los incendios rurales en La Pampa se volvió dramática durante las últimas semanas, especialmente en el oeste de la provincia, donde las altas temperaturas, la abundancia de pasto seco y las tormentas eléctricas generaron un escenario de alto riesgo. En diálogo con Canal Rural, el productor pampeano Marcos Alfonso relató en primera persona lo que se vivió en los campos de la zona de Miguel Riglos y General Acha, donde el fuego avanzó sobre montes, alambrados y pastizales.
“Los años en los que llovió mucho en primavera el pasto creció y después se encañó. Cuando llegaron los calores fuertes de diciembre y enero, ese pasto se secó y cualquier rayo terminó prendiéndolo”, explicó Alfonso. Según detalló, la mayoría de los incendios que se registraron en su zona no fueron intencionales, sino provocados por descargas eléctricas durante tormentas de verano.
El productor advirtió que el problema no fue el inicio del fuego, sino su propagación. “Prevenir que caiga un rayo es imposible. El tema es estar preparado para rodear el fuego y que se queme solo un potrero y no todo el campo o el campo del vecino”, señaló. En ese sentido, remarcó la importancia de las picadas cortafuego bien mantenidas: “Cuando no hay picadas o no están repasadas, el fuego avanza y se transforma en un frente de dos o tres kilómetros que es realmente imparable”.
Alfonso también se refirió al manejo del caldenal, un ecosistema característico de La Pampa. Explicó que los campos incluidos en planes de manejo del fuego, con quemas controladas cada cinco o seis años, resistieron mejor los incendios. “En esos campos el fuego corre por el pajonal y los caldenes no se queman, apenas se chamuscan y después rebrotan”, afirmó. En cambio, en los campos que no se quemaron durante décadas, el monte denso se volvió altamente inflamable: “Ahí se arrasa todo, pasto, arbustos y caldenes de más de 200 años”.
Respecto a las pérdidas, el productor reconoció daños económicos y productivos. “Se quemaron miles de hectáreas, se perdieron alambrados y también hubo mortandad de animales. En algunos casos se encontraron 15 o 20 vacas muertas”, indicó. Además, advirtió que la quema de pasto en esta época redujo la oferta forrajera y complicó el manejo ganadero en los próximos meses.
Finalmente, Alfonso subrayó que la prevención tuvo un costo, pero resultó clave. “Hacer y mantener picadas vale una moneda, sobre todo en campos grandes de monte, pero es una inversión totalmente justificada. En esta zona, las picadas son fundamentales”, concluyó.
La entrevista en MercadoVisión:
