¿Funcionará el nuevo plan económico?

La visión de la Fundación Mediterránea

02/10/2018 | 2:00

En la Argentina, la mayoría de los planes de estabilización han empezado por anclar al tipo de cambio, la “madre de todas las batallas” para un país tan dolarizado. Por eso, el programa anunciado el miércoles 26 de septiembre, que pivota sobre el congelamiento de la base monetaria por nueve meses, es inédito y habrá de despertar dudas hasta que se vea si, en la práctica, puede funcionar.

Aunque existan “zonas de intervención” para el mercado cambiario, por debajo y por encima de 34 y 44 pesos, el plan parece diseñado para funcionar en un sendero en el que la paridad no toque esos extremos, ya que, de perforarse el techo, se habrán de activar turbulencias. Habrá un aprendizaje y será inevitable mayor volatilidad cambiaria y de las tasas de interés.

Los mayores desembolsos del nuevo acuerdo con el FMI deberían alejar temores de default, por lo que el riesgo país tendría que bajar, pero esta tendencia está supeditada a lo que ocurra en el mercado cambiario. En realidad, el Gobierno ha hecho “de la necesidad virtud”, ya que el régimen de metas de inflación no funcionó, al tiempo que la opción de fijar el precio de la divisa en una banda angosta requiere más dólares que los disponibles en las reservas netas del Banco Central.

 

Una foto mala

La fotografía actual muestra a la economía en su peor momento, tanto por la inflación de setiembre, como por un nivel de actividad, que se encuentra en el piso. Sin embargo, este ajuste es la contracara de la corrección de los desequilibrios que dieron combustible a la crisis.

El déficit del sector externo, que superó los 30.000 millones de dólares en 2017, apunta a cerrar 2018 por debajo de los 20.000 millones y se proyecta inferior a 15.000 millones en 2019. El rojo fiscal, incluyendo intereses, se está reduciendo a la mitad en dos años, desde 6 % del PIB en 2017 a un estimado de 3 % en 2019, mientras que el Banco Central ha saneado en forma drástica su balance, achicando sus pasivos remunerados (Lebac y demás) en nada menos que 50.000 millones de dólares desde abril.

Como resultado, las bases para estabilizar la economía resultan hoy más firmes que las de seis meses atrás. Sin embargo, en el camino se han “quemado” algunos instrumentos (metas de inflación) o se han debilitado otros, como las reservas netas del Banco Central, que se ubican por debajo de los 20.000 millones de dólares.

De allí que se haya puesto sobre la mesa el compromiso del Banco Central de mantener inmutable la base monetaria desde el 1° de octubre hasta junio del año próximo, aunque tendrá cierta flexibilidad a través del manejo de los encajes bancarios. Lo novedoso del instrumento, el hecho que no exista una banda en el extremo superior (44 pesos por dólar), sino una más difusa “zona de intervención” y la fuerte inercia inflacionaria, son todos factores que definen la importancia del arranque del flamante esquema para su efectiva consolidación. Más aún cuando subsisten Lebac por 440.000 millones de pesos por rescatar.

 

Hacia adelante

Las tasas de interés tendrán un impulso alcista y no está claro todavía en qué nivel el costo del dinero podrá estabilizarse. Hay una situación ambivalente, porque para los ahorristas el rendimiento de los plazos fijos está por debajo de la inflación, mientras que del otro lado del mostrador la cadena de pagos se resiente por el costo de los créditos y por la caída del volumen de ventas en los sectores más afectados por la recesión (bienes de consumo durable, por ejemplo).

El partido se juega en el terreno de la confianza y de las expectativas. Si el precio del dólar dependiera exclusivamente de los fundamentos vinculados con el sector externo, la paridad actual tendría que ser suficiente para estabilizar las variables, más con la decisión del FMI de ampliar el crédito a 57,1 mil millones de dólares y adelantar desembolsos. Hay que tener en cuenta que, de cumplir con las metas acordadas, la Argentina accederá a fondos frescos por 36.200 millones de dólares hasta diciembre de 2019, cubriendo las necesidades de financiamiento del período.

El uso del crédito FMI no se limita a atender requerimientos en moneda dura. Está previsto que, de aquí a fin de año, el Tesoro venda unos 5000 millones de dólares a través del Banco Nación, ya que necesita los pesos para financiar el déficit y otros compromisos. A esto se suma el ajuste que está ocurriendo en la cuenta corriente del balance de pagos, que en términos de caja redujo en un año el déficit de 1263 a 776 millones de dólares (promedio mensual) en lo que va del tercer trimestre. El sector privado necesita menos divisas para funcionar.

En esencia, dado lo novedoso del plan, los próximos días serán cruciales para determinar si es capaz de encarrilar las expectativas. La suba de tasas aportará ruido adicional al debate económico. Más allá del compromiso de “expansión cero” de la base monetaria, lo que determina la trayectoria de la tasa de interés es la expectativa de devaluación del peso que predomine entre los agentes económicos. Ese factor es la clave para que las tasas de interés puedan comenzar a ceder más adelante.

El único mecanismo para evitar que la recesión se profundice y prolongue es un rápido descenso de la tasa de inflación, desde las cumbres actuales. Está fresca la referencia de la devaluación de 2014, que muestra que el nivel de actividad comenzó a recuperarse cuando las variaciones mensuales de precios volvieron al andarivel previo al momento en el que el tipo de cambio se disparó.

 

Fuente: Jorge Vasconcelos. Fundación Mediterránea.