Cómo viene el año 2019 para las empresas

Los negocios cambiaron y hay que reinventarse; sobrevivirá el más apto para generar ganancias o para captar capital

29/12/2018 | 6:00

La economía argentina vivió un año 2018 que dejó a las empresas con fuertes pérdidas en el margen de rentabilidad. Una mirada por los principales indicadores muestra que el dólar creció el 118,7% en los últimos 12 meses; el gasoíl, 81,4%, la inflación mayorista, 74,1% y la inflación minorista, 48,5%. Esto implica que los insumos y la mercadería para la industria y el comercio crecieron por encima de lo que pudieron aumentar los precios en el mostrador.

Las empresas vieron aumentar el precio de los productos que exponen a la venta mucho menos que el incremento de los insumos para producirlo o el costo de compra de mercadería en el caso de un comercio. El mostrador no pudo convalidar la suba de costos que tuvieron empresas y comercios, lo que derivó en una pérdida del margen de los negocios.

En el caso del comercio, se sumaron los incrementos de la energía eléctrica, gas, flete, salarios e impuestos. Los dueños apostaron a incrementar las ventas, pero no encontraron un mercado demandante, sino todo lo contrario. En este escenario aparecieron las ofertas, de la mano de la liquidación del stock, con lo que sostuvieron en equilibrio los ingresos y egresos.

Los stocks son ventas extraordinarias; no surgen del giro ordinario del negocio y solo sirven ante eventuales escenarios de baja de ventas. Si el contexto no mejora, algún día se terminan los stocks y los problemas se acrecientan.

 

Ajustes

En este contexto, la recomendación es que las empresas deberían comenzar a medir, con mayor celeridad, las verdaderas contribuciones marginales que les da el giro del negocio. La sospecha es que muchos comercios, e inclusive industrias, atravesaron el segundo semestre liquidando stocks, y no se puso la mira sobre los verdaderos costos en que se incurre para sostener un negocio a futuro, con ventas que se acomodaron en baja respecto del año 2017.

La sugerencia sería obtener una idea más acabada de los gastos estructurales, medir la potencialidad de las ventas y realizar los ajustes necesarios para recuperar la rentabilidad perdida.

Las medidas no deberían pasar sólo por el ajuste de gastos; probablemente haya que trabajar en los ingresos buscando nueva “paleta” de productos para ofertar, encontrar la financiación adecuada y adaptarse a las nuevas demandas que muestra el mercado.

 

Agro

El sector del agro está muy complicado, porque los precios internacionales siguen lateralizando, la presión tributaria es muy elevada y el tipo de cambio es bajo. El dólar a $39-40 no es el mejor para el sector exportador. Según los dichos del propio Gobierno, un tipo de cambio favorable para la economía argentina sería el que había en 2003-2007. Si se toma el tipo de cambio multilateral que informa el BCRA a precios de diciembre de 2018, un tipo de cambio competitivo debería ubicarse entre 50 y $55.

No es la idea polemizar respecto de los efectos nocivos o positivos de la devaluación; simplemente dejar en claro que la devaluación que se realizó en el segundo trimestre se la comió la inflación. La soja hoy vale 320U$S/t en Chicago con una retención del 31%; en el año 2011 valía 480U$S/t con una retención del 35%. Si el Gobierno no advierte esto, estará en problemas.

 

La vida financiera

Financieramente, 2019 tampoco fue un gran año. El índice Merval cotizaba en 1800 dólares en enero de 2018 y hoy cayó a 735, por debajo de los 898 dólares que cotizaba en diciembre de 2015.

Los bonos argentinos sufrieron pérdidas tremendas: el Bonar 2024 y el DICA rinden el 15% anual en dólares. El dólar billete fue la mejor inversión del año. Hubo una destrucción de precios en el mercado.

Las tasas de interés están en niveles estratosféricos; por un plazo fijo se llega a pagar el 50% anual, lo que es bueno para el ahorrista pero destruye la actividad económica. En este contexto, no parece que por delante se desarrolle una nueva espiral inflacionario, con un mercado cambiario más tranquilo.

El ojo de la tormenta fueron los meses de agosto y septiembre; desde octubre vivimos una cierta calma financiera, en especial por la escasa volatilidad del dólar, pero todavía falta mucho para recuperar el crédito en la economía.

 

Conclusiones

– En el año 2019 las empresas deberán medirse, para buscar su rentabilidad en función del nuevo escenario de costos y de nivel de ventas. La suba de tarifas en los primeros meses del año complicará la estructura de gastos. Será un año difícil para las empresas.

– En un año electoral, las inversiones se acercan al dólar, aunque no parece que esta sea la mejor elección, después de un año 2018 en el que subió más del 100%. Es probable una fuerte recuperación en el precio de los títulos públicos y de las acciones. En ambos casos, lo mejor pasaría por el segundo semestre, en la medida que un político racional asome con posibilidades, sea del partido que sea.

– No se ve una fuerte baja en la tasa de interés. El Banco Central quiere disciplinar a la inflación y al tipo de cambio con una tasa alta.

– “Reinventarse”, “innovar”, “medirse”, “eficiencia”, “productividad”, “inversión”, “paciencia” y “perseverancia” serán las palabras más escuchadas en el año 2019. Hay que trabajar con capital propio o asociarse, usar más el mercado de capitales y transformar las inversiones financieras en inversiones reales.

 

Fuente: Salvador Di Stefano