Cómo puede ser la economía de las fórmulas presidenciales anunciadas

El oficialismo ofrecerá una macro saneada y una micro con problemas, lo contrario que promete la oposición

12/06/2019 | 2:00

El escenario electoral quedó cerrado: dos fórmulas generan la máxima atracción del electorado. La tercera vía o ancha avenida del medio quedó reducida a una bicisenda muy angosta y que no incentiva a los votantes a circular por ella. La población va por la avenida, ya sea mano al norte o al sur. Qué se puede esperar de estas fórmulas desde la mirada económica.

 

Fernández-Fernández

La fórmula opositora luce moderada dado que el candidato a presidente es Alberto Fernández y ha expresado racionalidad en sus declaraciones, pero los candidatos en Buenos Aires y Capital están ideológicamente ligados a la Cámpora. Si se le suma el aporte de la expresidenta, los mercados descreen en tal moderación.

No es menos cierto que los economistas ligados a este espacio político hablan de no caer en cesación de pagos, de renegociar el acuerdo con el FMI y de seguir colocando deuda en el exterior. Sin embargo, esto mismos economistas en el pasado son los que le pusieron el cepo el dólar, expropiaron el Anses e YPF, tardaron en pagarle al Club de Paris y no resolvieron los juicios con bonistas, y menos aún los juicios por la salida de la Convertibilidad en el año 2002, más los juicios por la estatización de Aerolíneas Argentinas e YPF. En resumen, son los creadores de un pasivo potencial de 15.000 millones de dólares.

Con el anuncio de la fórmula opositora los mercados no se descontrolaron, pero tampoco salieron disparados a la suba; más bien tomaron la noticia con relativa prudencia. Sin embargo, el mercado de futuro de dólar incrementó notablemente el stock de sus vencimientos futuros, ubicándose en la actualidad en 4434 millones de dólares el interés abierto.

 

Macri-Pichetto

El martes 11 de junio se anunció la fórmula del oficialismo, Macri–Pichetto. Lo primero por destacar es que el sector Cambiemos amplió la mirada de la coalición a un sector del partido Justicialista, dejando atrás el mote de sectario o de antiperonista.

El actual candidato a vicepresidente fue un soldado del kirchnerismo que se reconvirtió y reinventó en los últimos años, pasando a ser un aliado de las ideas del oficialismo. Casi lo contrario de Sergio Massa, que en 2013 dejó al peronismo y venció a la expresidenta en el poder, y hoy vuelve arrepentido a la casita de los viejos.

La reacción en los mercados fue muy positiva; el anuncio de la fórmula empalideció todas las noticias políticas que se esperaban. La tasa, el riesgo país y el dólar bajaron, las acciones subieron con volumen. Una muestra de que el mercado apuesta por esta fórmula presidencial.

En materia económica, el oficialismo comenzó su mandato apostando al gradualismo, que financiaba con crédito externo. Cuando se cerró el financiamiento por la crisis internacional desatada por la guerra comercial entre China y Estados Unidos, el Gobierno pasó a un ajuste salvaje para estabilizar la macro, sin importar mucho las consecuencias no deseadas sobre la micro. En la actualidad, la prioridad del Gobierno es cumplir el acuerdo con el FMI, que llegó para rescatar a la Argentina de la cesación de pagos y aportó la friolera de 58.000 millones de dólares.

 

Hacia adelante

¿Qué garantiza la fórmula opositora? Que se ocupará más de la micro que de la macro; eso es bueno para la vida cotidiana y para el corto plazo, pero no luce sustentable a largo plazo. La Argentina saldrá adelante si recibe inversiones y, para que ello suceda, debe mostrar números macroeconómicos consistentes y sustentables en el tiempo. Esto implica que debe tener superávit fiscal y comercial, tarifas libres de subsidios, tasas de inflación más bajas, tasa de interés competitiva y un tipo de cambio menos volátil.

Hasta ahora no se vio, desde la oposición, cuál es el plan que permita sostener macroeconómicamente las medidas que tomaría para expandir la microeconomía. No se habla de políticas de Estado y tampoco las hubo durante su gobierno.

¿Qué garantiza la fórmula oficialista? Que se ocupará más de la macro que de la micro. Esto es bueno para el largo plazo, pero es muy duro para la vida cotidiana y el corto plazo. La Argentina necesita un gobierno que ecualice mejor ambas políticas. El oficialismo se caracterizó por la falta de políticas de Estado, hizo un blanqueo que solo fue recaudatorio y no incentivó a los que tenían dinero en situación informal a volcarlo a las inversiones productivas. Tiene una mirada más financiera y menos productiva de la economía. Durante su último gobierno anunció una lluvia de inversiones y el resultado fue la peor sequía de ellas de los últimos años. Abrió las puertas al mundo inversor y se llevaron los dólares que el kirchnerismo les prohibía remesar al exterior. El Gobierno tiene prestigio en el exterior, le prestaron grandes cantidades de dinero, pero no parece que fue bien administrado, demoró en realizar reformas estructurales y el gradualismo lo desdibujó.

 

Conclusiones

Ninguna de las dos fórmulas presidenciales es una solución clara para los problemas económicos que tienen los argentinos de a pie. El problema no exige solamente bajar el gasto público, sino que hay que agrandar la torta y votar leyes que incentiven la inversión, como las reformas laboral, previsional, impositiva y del Estado en general. Se necesita en forma urgente una ley de Incentivo Fiscal a las nuevas inversiones; se estima que los argentinos tienen en el exterior 550.000 millones de dólares  y hay que darles un dulce muy grande para que regresen al país. Es cierto que la baja de tasas en el mundo y la tasa de interés negativa en Alemania y en Japón hacen repensar su repatriación, pero sin incentivos fiscales buscarán otros países  u otras inversiones que le brinden ese beneficio.

Estamos peor que cuando vinimos de España. La fórmula oficialista seduce a los mercados, la opositora los asusta. La fórmula opositora seduce a los sectores sociales afectados por la crisis y que vieron desmejorar su nivel de vida; la fórmula oficialista los asusta con la continuidad del ajuste. No tenemos término medio; la geografía electoral es una gran avenida, para un lado va el oficialismo, para el otro la oposición y la tercera posición es solo la bicisenda del medio.

 

 

Fuente: Salvador Di Stefano