Bajar el riesgo país, la llave para normalizar la economía

Para conseguirlo, habría que despejar el panorama financiero y lograr consensos políticos para el abordaje de las reformas de fondo

17/09/2018 | 5:17

Hasta marzo, la economía argentina crecía al 3 % anual y en un par de trimestres pasó abruptamente a contraerse a un ritmo aproximado de 2 % anual. Hay 5 puntos porcentuales de diferencia entre ambos escenarios, que podrían explicarse por la sequía (1,5 puntos), la devaluación (otros 1,5 puntos), la huida de capitales y el aumento del riesgo país, fenómenos que estaría restando 2 puntos porcentuales adicionales al crecimiento.

Los efectos de la sequía y de la devaluación ocurren este año por “única vez”, pero que el ascenso del riesgo país, que pasó de 400 puntos en 2017 hasta 800 puntos semanas atrás, necesita ser revertido para evitar la recaída en una “estanflación”.

Las exportaciones comenzarán a “remolcar” la economía y no habría que sorprenderse si aumentan 10.000 millones de dólares en 2019, en la medida en que el clima acompañe al agro y las mejoras de competitividad cambiaria se extiendan en el tiempo.

Más allá de medidas puntuales y sectoriales (para las pymes, construcción, etc.), volver al sendero de crecimiento del 3 % anual requiere que el programa en marcha sea capaz de reducir la tasa de riesgo país en 250 puntos por lo menos.

 

Despejar el panorama financiero

Desde que el Gobierno puso en marcha las medidas destinadas a eliminar el déficit primario del sector público nacional en 2019, de modo de anticipar desembolsos del FMI, el mercado financiero ha entrado en una etapa de menor volatilidad. Sin embargo, hay muchas variables que influyen antes de un veredicto más firme.

El mayor interrogante de corto plazo es el comportamiento de los tenedores de Lebac y Letes, títulos de corto plazo emitidos por el Banco Central y el Tesoro, cuyo stock alcanza a 360.000 millones de pesos y 11,800 millones de dólares, respectivamente.

 

Lograr consensos políticos

Además, para volver a crecer a buen ritmo no basta con despejar incógnitas vinculadas con el programa financiero de los próximos meses. Se requiere un horizonte político mucho más amplio. De allí la importancia de lo que ocurra con las medidas que requieren tratamiento parlamentario.

La cuestión del Presupuesto 2019 no es algo operativo, ya que el Gobierno podría manejarse con una extensión del de 2018. Es un tema político vinculado con la gobernabilidad. El principal partido de la oposición está dividido, fenómeno que limita sus posibilidades como opción de poder, pero el interrogante es hasta qué punto esa situación puede trabar las iniciativas del Ejecutivo. Parece difícil, porque dentro de ese grupo hay dirigentes relevantes que administran provincias y municipios, que no pueden darse el lujo de comprometer su propia gestión. Además, el gobierno nacional diseñó las últimas medidas con un guiño a cierta heterodoxia (las retenciones generalizadas), haciendo que el grueso del ajuste recaiga sobre Nación o jurisdicciones del oficialismo (CABA, Buenos Aires).

Por otra parte, es evidente que la parte de la oposición menos comprometida con la gestión que llegó hasta 2015 es muy consciente del fracaso que sería para su propio partido intentar reeditar en 2020 el modelo del cepo al cambio y al comercio exterior.

Estos debates sumarán elementos de juicio junto con el desenlace de la crisis de Brasil, tras las elecciones de octubre. El PIB del vecino país cae a un ritmo cercano al 1 % anual en el último quinquenio, la deuda pública supera 75 % del PIB y el déficit fiscal alcanza a 6,5 % del PIB, con muy alto gasto público y baja productividad. Parece haber sólo dos escenarios para el próximo gobierno: aplicar reformas que permitan volver a crecer o mantener el statu quo y enfrentarse a una economía cada vez más inmanejable.

Brasil adelanta el futuro de la Argentina, por el tipo de problemas por resolver. Si el vecino país comienza a recuperarse, será porque el sistema político se puso de acuerdo para las reformas que se necesitan. El otro escenario, de deterioro adicional de variables económicas y sociales, tendrá que ver con la falta de reformas. El diagnóstico será claro y aleccionador para los argentinos.

Tiempo atrás, en nuestro país, se había popularizado el “Teorema de Baglini”, según el cual,” el grado de responsabilidad de los dirigentes es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder”. A la luz de la crisis regional, esa causalidad está destinada a invertirse: los políticos tendrán chances de ser elegidos si antes prueban que merecen confianza.

 

Fuente: Jorge Vasconcelos. Ieral