La fragilidad de la economía argentina, en niveles críticos
Los eventos internacionales, como los de Turquía y Brasil, alteran el funcionamiento normal
24/08/2018 | 2:00
La fragilidad de la economía argentina es altísima. Los eventos internacionales afectan el flujo de fondos financieros y se convierten en variables incontroladas que serán difíciles de sobrellevar. Mientras tanto, los mercados internacionales siguen cerrados para tomar deuda, lo que obligará a la argentina a pedir más dinero al FMI.
Ayer Turquía, hoy Brasil
Brasil sufre estrés financiero ante la proximidad de las elecciones presidenciales del 7 de octubre. Ningún candidato ganará en primera vuelta y el resultado se definiría el 28 de octubre en segunda vuelta.
Lula Da Silva quiere ser candidato a presidente y se presentó ante el Tribunal Electoral. Es muy probable que lo rechacen como candidato, pero eso solo se sabrá el día que lo hagan; por ahora es un candidato en potencia y lidera la intención de votos.
Por esta incertidumbre, el real se devaluó a 4,12 por dólar. Este comportamiento empujó a la moneda local a depreciarse, para evitar que la aduana se convirtiera en un colador.
El tipo de cambio multilateral favorece a Brasil y esto implica que será altamente probable que el tipo de cambio siga aumentando. Hoy el Banco Central no puede perder reservas; si vienen por ellas, se llevarán tipo de cambio más elevado, pero no muchas divisas.
Además, internamente hay una ola compradora de dólares que no se detiene. En el mes de julio los argentinos compraron más dólares que en junio. Si la demanda presiona, habrá que dejar correr al dólar; en algún momento buscará su punto de equilibrio y se estacionará.
El valor actual no es de equilibrio porque en la primera quincena de octubre se viene otro desarme de Lebac, y el mercado ira a cambiar pesos por dólares. Si cada 30 días se van a liberar 100.000 pesos de Lebac, hay que elevar el tipo de cambio y no regalar reservas.
Financiamiento adicional
Mientras tanto, la Argentina no logra recuperar crédito internacional y los argentinos no le prestan a su propio país. Cuando les sobra un peso compran dólares y lo guardan en la caja de seguridad. Esto implica que no hay señales de expansión económica de corto y mediano plazo.
El Gobierno tendrá que recurrir nuevamente al FMI para que le adelante más de los fondos otorgados. En vez de desembolsar cuotas de 3000 millones de dólares por trimestre, debería entregar 6000 millones. Otra posibilidad es replantear el plan financiero y pedirle al FMI 30.000 millones adicionales.
Si ninguna de las dos opciones se puede implementar, estaremos en problemas porque nadie le quiere prestar a Argentina. Esto no será sinónimo de default inmediato porque la Argentina tiene cubiertos los vencimientos hasta mediados de 2019. Si consigue unos 10.000 millones de dólares adicionales cerraría el financiamiento de ese año.
Mientras tanto, debería cerrar el presupuesto 2019 y cumplir con las metas fijadas de déficit fiscal, para que en el año 2020 tengamos déficit cero, y para que en 2021 podamos comenzar a crecer con fuerza.
La demora en el despegue se asocia con la desconfianza. En la medida que la inversión no crezca a una tasa del 25% anual, los problemas argentinos no se solucionarán. Actualmente, la tasa de inversión no supera el 15% anual y las exportaciones crecen al 12% anual; tenemos una economía cerrada, con importaciones más altas que las exportaciones. Con esos parámetros es imposible un crecimiento vigoroso.
Fuente: Salvador Di Stefano
