La ganadería como inversión ¿resiste una comparación financiera?
Resultado de una operación de engorde en un feedlot de hotelería
03/05/2018 | 2:00Armando Mayorga relata cómo fue el engorde a corral que su empresa decidió llevar adelante cuando la inundación del año pasado le impidió trasladar los terneros al propio feedlot de la empresa. A continuación, su testimonio, también publicado en la revista Informe Ganadero.
Antecedentes
Debido a la inundación del año pasado, era imposible trasladar el destete del campo de cría en la cuenca del Salado al feedlot del campo de engorde en Gral. Villegas.
A raíz de este inconveniente, empezamos a estudiar diferentes alternativas. Una de ellas, la más simple, era vender la producción de terneros. Pero esto significaba tener los ingresos de la venta de los novillos gordos y de los terneros de la camada siguiente en un mismo ejercicio, así que no era conveniente impositivamente.
Otra alternativa era contratar un campo para pastoreo y otra, llevarlos a un engorde a corral de hotelería.
Finalmente decidimos llevarlos a un feedlot que estuviese cerca del campo de engorde propio, de manera que si en algún momento mejoraba el acceso pudiéramos seguir engordándolos, como hacemos siempre, en nuestros corrales. Esto no fue posible porque la inundación se mantuvo durante todo el invierno.
Engorde en instalaciones de terceros
El engorde en su totalidad se realizó en un feedlot de hotelería. Aparecieron dos alternativas: una era pagar por día y la otra era pagar por kilo producido.
Después de hacer los números, decidimos que la alternativa de pagar por kilo producido era más fácil, más segura y más rentable. En un invierno que se presentaba muy húmedo y de mal tiempo, pensamos que los feedlots no iban a poder alcanzar el engorde presupuestado y no era conveniente hacer un contrato donde pagáramos estadía y alimento.
Las alternativas provenían de diferentes empresas de engorde a corral y nos llevó tiempo y trabajo hacer un análisis detallado de cada caso. Visitamos varías de ellas, estudiamos muchos contratos de hotelería y para esto les dimos participación también a nuestros abogados.
Nos decidimos por un feedlot recomendado en la localidad de América, que nos daba la posibilidad de pagar por kilo producido. Si ganábamos kilos pagábamos y si no había ganancia de peso, no.
Nos ofrecieron pagar un costo de 23,5 por kilo producido. En ese momento teníamos un precio de venta para los novillos gordos de 37 pesos por kilo, por lo que el negocio parecía muy rentable. Este fue un análisis que hicimos sólo para tener una idea al iniciar el negocio. Sabemos que en la ganadería es imposible presupuestar con números reales cómo va a resultar el negocio, ya que no se sabe a qué valor se va a vender, ni cómo afectará la inflación a los gastos.
Viajé dos veces a América, inscribimos el boleto de marca en esa Municipalidad, sacamos las guías de traslado, etc. y enviamos los terneros.
Quedamos muy conformes con el rato recibido, con la producción y con la información que nos daban diariamente.
Balance económico
Terminado el negocio hicimos los números con los datos reales. Engordamos machos que entraron con 180 kilos y se terminaron con 350 kilos y hembras que arrancaron con 147 kilos y se terminaron con 300 kilos. La mortandad fue muy baja: menos del 2%.
En el inicio del negocio creímos que había sido una decisión bien tomada. Logramos uno de los objetivos, que era pasar la venta al ejercicio siguiente. Con esto evitamos la pérdida impositiva mencionada más arriba.
Les asignamos un precio de entrada al feedlot de 38$/kg a los machos y 36$/kg a las hembras. A estos valores le agregamos el costo del flete, que se hizo en jaulas de doble piso. Pagamos seguros, guías y Senasa. Al agregar estos costos quedó un precio de entrada al feedlot neto promedio de 38,90$/ kilo por ternero macho y hembra.
A los seis meses, una vez gordos, se vendieron los novillitos y las vaquillonas. Las ventas se hicieron a frigoríficos a través de un consignatario. Para vender analizamos las propuestas de tres casas consignatarias hasta encontrar la opción más conveniente. Esto también demandó un trabajo de gestión extra, tendiente a optimizar el negocio.
El precio promedio de venta entre macho y hembra fue de 37$/kg. Los valores obtenidos fueron similares a los máximos del Mercado de Liniers para las fechas de venta. Las ventas se realizaron en los meses de octubre y noviembre.
Al precio de venta le descontamos los fletes, que también se realizaron con jaulas dobles, el impuesto a los Sellos, el impuesto a los Ingresos Brutos, comisión etc. Este descuento total dio un 8% de gastos. El precio de venta neto resultante fue de 34$/kg.
A los kilos de venta le restamos los kilos ingresados al feedlot y obtuvimos los kilos producidos. El costo real, corregido por kilo producido, fue apenas más alto que el que habíamos negociado: terminamos pagando 23,68$/kg cuando lo negociado había sido 23,50. Estuvimos prácticamente en el valor presupuestado.
A simple vista resultó un buen negocio.
Pero luego dividimos el neto producido en los seis meses de engorde sobre el capital invertido y el resultado dio una ganancia del 9% en el feedlot. Hasta ahí estábamos muy contentos. Ganamos 9% en seis meses que equivalía a 612 pesos por animal.
Comparaciones odiosas
Mi obligación como administrador es comparar esta ganancia con otras alternativas.
La comparé con dos variables simples. Una de ellas es un plazo fijo. En esos mismos 6 meses me hubiera dado un 12% de rentabilidad. Y la otra variable fue la inflación, que en esos mimos meses fue del 9,4%.
Si comparo la rentabilidad del negocio de engorde realizado con la inflación veo que apenas mantuve el valor del capital y si lo comparo con un plazo fijo perdí de ganar 3 puntos porcentuales sobre el capital invertido.
¿Qué quiero demostrar con estos números? Que hicimos un negocio productivo y rentable, somos una empresa que se dedica a producir y elegimos esta alternativa, no nos dedicamos a hacer negocios financieros. Invertimos mucho trabajo. Fuimos a visitar varios feedlots, estudiamos los contratos, viajamos varias veces a América, inscribimos el boleto de marca en otro partido, sacamos el permiso de marcación y la inscripción en el Senasa, negociamos los valores de flete, analizamos las opciones más convenientes de venta y controlamos todas las liquidaciones, cobranzas, pesadas etc. Esto requirió una gestión importante durante los seis meses.
Estamos en la Argentina, hoy existe una alternativa aún más rentable que el plazo fijo que son las Lebac, con las que se hubiera podido obtener una rentabilidad del 14% en seis meses. Entonces, dejando de lado nuestro caso particular, en el que la inundación y el cierre de balance nos condicionaron para hacer este negocio, la alternativa del engorde para un inversor que dispone del dinero frente a las opciones financieras no parece ser muy tentadora, si se considera lo que ocurrió en el invierno de 2017. No obstante, el resultado puede ser distinto en otra época en la que ocurran ganancias por tenencia u otros fenómenos que afectan a la ganadería periódicamente.
Cuando tomamos la decisión y haciendo el simple cálculo del costo de producción en relación con el kilo vendido, parecía un negocio brillante. Obtuvimos precios máximos en el mercado, la genética de la hacienda ya la tenemos muy probada, estamos familiarizados con todos los tramites relativos a la producción, no fue una aventura.
Esta es una señal de alarma, que no hace más que demostrar lo difícil que es invertir en producción en la Argentina. No es agradable presentar estos números, no son muy alentadores para la inversión externa al sector. Pero esta es la verdadera realidad del sector agropecuario.
