Las asignaturas pendientes de la economía argentina
La competitividad estructural vendrá por la inversión, aumento de las exportaciones, acuerdos internacionales y menor presión impositiva
19/12/2018 | 3:59
La economía argentina termina 2018 en recesión y con números económicos mayormente desfavorables. Sin embargo, ahora existe un elemento positivo que no estaba desde el comienzo de la actual década: precios relativos favorables a la producción de bienes transables, lo que puede dar lugar a un modelo productivo y exportador competitivo, capaz de sacar al país del estancamiento y de la pobreza a largo plazo.
También existen precios de los servicios públicos más parecidos a los verdaderos costos de prestación. Claro que el manejo de la política macro debe preservar el tipo de cambio real relativamente alto y no dejarse tentar por los atajos de la apreciación que conducen a modelos de consumo útiles para los años electorales, pero que resultan un lastre para el crecimiento a largo plazo.
Inversión y aumento de las exportaciones es la receta válida para una economía como la de Argentina, estancada desde 2011, cuando se agotó el modelo de solo consumo.
Con el nuevo contexto cambiario, si se cumple con una política fiscal que tienda al equilibrio (primero primario, luego también financiero) y una estricta política monetaria, se habrán dado pasos vitales para lograr la sostenibilidad macro fiscal y externa.
A este respecto, resulta clave que en 2019 las mayores chances de ganar la elección se vinculen con el actual oficialismo o con una alternativa opositora que prometa creíblemente manejar la macro con criterios convencionales, en el marco del acuerdo con el FMI. De lo contrario, se complicará mucho la economía en el año eleccionario.
Reformas estructurales poselectorales
Luego de las elecciones de 2019, salvo que se vuelva a un manejo populista de la economía, debería apuntarse a un modelo exportador competitivo, asentado en el equilibrio de las variables macro fundamentales.
Inicialmente ayudará un tipo de cambio real alto, que deberá ser complementado con reformas que conduzcan luego a la competitividad estructural.
Debe encararse una nutrida agenda de negociaciones comerciales bilaterales y multilaterales, dirigidas a abrir los mercados para los productos argentinos con mayor valor agregado, en la que podría ayudar la estrategia comercial escogida por el nuevo gobierno de Brasil.
El hecho que el vecino país haya realizado una reforma laboral, y que Bolsonaro podría profundizar, junto con la creciente tendencia a la automatización, ayudarían a que finalmente la Argentina aborde una ambiciosa reforma laboral que modernice convenios que datan de la década del 70, apuntando a una economía moderna y adaptada a las nuevas tendencias.
Por supuesto que hay que consolidar la estrategia fiscal que conduzca al déficit cero, primario en 2019, y financiero dos años después. Con dos desafíos extras: ir desarmando los derechos de exportación y bajando otros tributos nocivos para el crecimiento económico (ingresos brutos, créditos y débitos bancarios, contribuciones patronales), además de fortalecer la inversión pública, para mejorar la infraestructura que haga factible la competitividad estructural.
Para lograrlo habrá que trabajar más sobre el gasto corriente. Por caso, la Argentina gasta, en empleo público, cerca de un 14% del PBI, cuando en Chile no se llega al 7%. En el caso hipotético que la Argentina gastase en empleo público lo mismo que Chile, podría construir 30.000 kilómetros de autopistas adicionales por año o 310.000 viviendas de 70 metros cuadrados. El costo de oportunidad de haber usado el Estado como seguro de desempleo es muy alto.
Lo anterior también se encuentra ligado a la necesidad de una reforma previsional que permita, como mínimo, contener el gasto en ese sentido, que llega a 10% del PBI. Y evitar duplicaciones en la política social.
Las provincias deben promover en mayor medida el empleo privado de calidad y no el empleo público.
La Argentina necesita una política de Estado para exportar a partir de un plan general de competitividad. La nueva infraestructura debe mirar hacia el Pacífico, con los pasos fronterizos que permitan exportar vía Chile hacia el sudeste asiático y a los países americanos del Pacífico. Esto beneficiará especialmente al NOA y a Cuyo, economías regionales postergadas en gran medida por sus altos costos para llegar a los puertos.
Igualmente, se debe profundizar la desburocratización en general, la digitalización de todo tipo de trámite y las facilidades para hacer negocios y venderle al mundo.
La Argentina debe apostar fuertemente a la educación, en especial a la que está ligada a la innovación y al aparato productivo. Hay que promover que las especialidades de la escuela media y de las carreras universitarias apunten en este sentido, pues allí se juega el partido de la producción y del bienestar en los próximos años.
Podrían plantearse otras reformas estructurales necesarias: Fondo Anticíclico (especialmente para compensar a Vaca Muerta), mayor acceso al crédito para el sector privado, mejoras institucionales varias (comenzando por la Justicia) y defensa de la competencia, entre otras.
Debe decirse que, a pesar de todos los problemas, errores y demoras, en los últimos tres años se echaron algunas bases para intentar ir por el camino señalado. Por el contrario, la política económica que rigió hasta 2015 no tenía absolutamente ninguna chance de llegar a buen puerto. No es poca cosa.
Fuente: Fundación Mediterránea.
