No hay perspectivas de recuperación rápida de la actividad económica
Factores externos e internos postergan la salida de la recesión
20/05/2019 | 6:00El contexto internacional no luce favorable a la economía argentina y empantana la expectativa de una recuperación económica en el año 2019. La guerra comercial entre Estados Unidos y China fue el detonante de la crisis en el mundo emergente. Comenzó en abril de 2018 y desde sus principios cortó el financiamiento del mundo emergente, con consecuencias muy nocivas para Turquía y la Argentina, los dos países con mayor déficit de balanza de pagos en el año 2018.
Un segundo impacto de esta guerra comercial produce una fuerte caída de la actividad económica a escala global, lo que empujó a la baja el precio de las materias primas, que son la principal fuente de impulso de las exportaciones argentinas.
En la actualidad, la guerra comercial entre Estados Unidos y China deja como saldo una devaluación de todas las monedas del mundo emergente, incluida la propia moneda china. Durante 2019 habrá tasas de interés más bajas en Estados Unidos, pero mucho más elevadas para el mundo emergente, dada la debilidad estructural de sus economías, con menos inversión en casi todo el planeta.
Se acabó el financiamiento
En este escenario, la economía argentina está condenada a vivir con lo nuestro. Producto de un mal diagnóstico internacional, el gobierno argentino creyó tener disponible financiamiento externo y tasas de interés extremadamente bajas por ocho años. Este panorama halagüeño duró hasta abril del 2018; desde allí en adelante se cortó el crédito y lo que era gradualismo interno se tuvo que transformar en un ajuste salvaje.
A fines de 2017, el déficit fiscal primario rondaba los 23.000 millones de dólares; en la actualidad bajó a 7000 millones. El ajuste lo pagó el sector privado, ya que se impusieron mayores tributos a la producción, aumentaron las tarifas púbicas y el Estado absorbió el crédito disponible en el mercado interno.
En los últimos 365 días la Argentina sufrió un ajuste permanente. El poder adquisitivo de la población cayó estrepitosamente y la extensión de la crisis en el tiempo determina que el fantasma del desempleo comience a verse entre nosotros.
El Gobierno comienza a ver con preocupación que la actividad económica no crecerá en 2019, lo que implica que posiblemente no pueda cumplir las metas de recaudación esperada. Por lo tanto, quedan pocos caminos por delante: aplicar nuevos tributos, subir los existentes o bajar el gasto público.
Parece muy difícil que pueda aplicar nuevos tributos, dado el hartazgo de la sociedad argentina, que convive con una presión tributaria asfixiante.
El gasto público nunca baja y el Gobierno tiene sus razones. El 61,3% del gasto público corriente son prestaciones sociales, entre las que se incluyen el pago de jubilaciones y la Asignación Universal por Hijo, mientras que un 14,6% del gasto corriente es pago de salarios a empleados del sector público. Estos dos rubros representan el 75,9% del gasto público corriente. El gasto de capital es un 10% de lo desembolsado en estos rubros, lo que implica que es imposible que la inversión del Estado mueva la rueda de la actividad económica.
Otro dato no menor es que los intereses que se pagan de la deuda pública duplican lo invertido en gasto de capital. En este escenario es difícil bajar el gasto púbico, dadas las restricciones que tiene el gasto social, la obligación de pagar intereses de la deuda y la necesidad de hacer obra pública. Casi un pronóstico cantado de caída de la actividad.
En este contexto, el consumo privado, agobiado por una presión tributaria creciente, tasas de interés en la estratosfera, costos en suba y salarios que pierden poder adquisitivo, no puede mover el amperímetro de la recuperación económica. Quedarse en casa y mirar televisión parece el programa más apropiado para la familia, con el cual no se gasta dinero.
Conclusiones
- No se ve que los motores del crecimiento económico estén encendidos. El precio de las materias primas que mayoritariamente exporta la Argentina es muy bajo, a pesar del veranito de suba de precios de los últimos días.
- Brasil no muestra posibilidades de un crecimiento del PBI que impulse nuestra economía.
- El Estado no está en condiciones de empujar a la economía, ya que el gasto en capital es insignificante y representa el 1,6% del PBI. Nuestra economía no está recibiendo inversiones por la incertidumbre sobre el resultado electoral.
- La exportación está en niveles similares a los años anteriores; desde 2015 está estancada y no supera los 62.000 millones de dólares.
- La economía no crecerá en 2019. Se podrá ver una mejora en los activos financieros por los bajos precios que tienen los títulos públicos y acciones, en el marco de la esperanza que el país mantendrá el rumbo de la coherencia económica y no volverá a incumplir los pagos de la deuda pública.
- En ese contexto, las empresas tendrán que adaptarse a una nueva escala productiva, agregar valor a sus productos, bajar costos incorporando más tecnología y conseguir capital propio para financiar la coyuntu
Fuente: Salvador Di Stefano.
