Octubre: ¿mes bisagra para la crisis?
La inflación se está desacelerando y el tipo de cambio muestra estabilidad
31/10/2018 | 2:00La aceleración de la inflación y la salida de capitales dominaron el tercer trimestre, afectando el consumo y la inversión. La caída del PIB no fue tan pronunciada como la del segundo trimestre, porque el “efecto sequía” dejó de incidir y porque el sector externo comenzó a contribuir positivamente sobre el nivel de actividad, con merma de importaciones. En este cuarto trimestre, la contracción crediticia sustituye a la salida de capitales como factor de retracción de inversiones y de consumo, potenciada por el impacto de la aceleración inflacionaria sobre el poder adquisitivo de la población.
Sin embargo, si esta política fuera exitosa para frenar la inflación, entonces tendría un componente anticíclico y permitiría que, muy lentamente, el consumo pueda comenzar a salir del pozo. Aun así, 2018 cerraría con una caída del PIB mayor a 2,0% y con un cuarto trimestre que duplicaría ese guarismo en la comparación con igual período de 2017.
Variables institucionales y financieras
Aunque en distintas variables, institucionales y financieras, pueda reconocerse que octubre ha marcado un punto de inflexión para la crisis, la percepción de que “lo peor ya pasó” tardará en llegar, por los coletazos en el mercado de trabajo y en el cuadro financiero de no pocas empresas, así como por el hecho que subsisten factores de incertidumbre, tanto en el plano local como internacional.
Desde el punto de vista institucional, los mojones de octubre tienden a despejar incertidumbres. El tratamiento del Presupuesto 2019 por parte del Congreso es uno de ellos, también la aprobación por parte del FMI del nuevo acuerdo, que habrá de liberar fondos de aquí a fin de año por 13,4 mil millones de dólares, junto con la definición presidencial en Brasil.
En lo económico, hacia fin de octubre la inflación semanal parece converger a la mitad del ritmo que anotaba sobre el cierre de setiembre, mientras que en el plano cambiario la demanda de divisas por atesoramiento y turismo se recorta a menos de un tercio del nivel de junio pasado.
La corrección del desequilibrio externo resalta por su velocidad, con un déficit de la cuenta corriente del balance de pagos, que pasó de 1374 millones de dólares en el tercer trimestre de 2017 (promedio mensual) a 482 millones en los últimos datos. No todo es caída de importaciones. Las ventas a Brasil pasaron de 800 millones de dólares por mes en el tercer trimestre de 2017 a 1000 millones por mes en el presente; la participación de las exportaciones de energía y combustibles sobre las totales pasó de 3,7% hace un año a 8,6% en setiembre pasado.
Esta es la contrapartida de un aumento del ahorro, tanto del sector privado como del público, particularmente del Estado nacional, en su marcha forzada a un déficit primario igual a cero en 2919: en los primeros nueve meses del año, el gasto primario se contrajo a un ritmo de 7 % en términos reales.
Por eso, tiene doble valor, económico y político, la reciente aprobación del Presupuesto 2019 por parte de la Cámara de Diputados. Es cierto que hubo un buen número de concesiones a provincias e intendencias para este logro. ¿Peligra el objetivo del déficit cero? No parece, ya que hasta el tercer trimestre de este año el Tesoro ha logrado un sobrecumplimiento de las metas de 0,6 % del PIB, que facilita la transición. Además, las Rentas de la Anses están haciendo un jugoso aporte a los números presupuestarios. Sin olvidar la recaudación del nuevo impuesto a las exportaciones, que a partir de enero se extiende a los servicios.
En caso que falten recursos, la variable de ajuste será la inversión pública, pese a su efecto negativo. El tema es que el riesgo país no bajó lo suficiente como para que la inversión privada ocupe un espacio, aunque de todos modos el primer tramo de las obras públicas con financiamiento privado (PPP) estaría arrancando. Se trata de unos 8000 millones de dólares distribuidos en tres a cuatro años. Al margen de este mecanismo, en Vaca Muerta, en la distribución de energía, en aeropuertos, se sigue hundiendo capital a buen ritmo.
Como se subrayó más arriba, la inflación debería ceder a partir de noviembre (hay señales en ese sentido) para que el consumo pueda dejar de caer. Aunque no exista una meta formal de inflación, ésta es una variable clave para el escenario 2019, por exceso o defecto. De aplicarse una política demasiado restrictiva para apurar la desinflación, se complicaría la recaudación impositiva y la meta fiscal. Y para que el torniquete monetario se relaje hace falta que el Banco Central compre dólares en el piso de la zona de intervención. Para que este fenómeno pueda darse, sería conveniente que el precio de 34 pesos por dólar con el que arrancó el esquema, que se actualiza al 3% mensual hasta fin de año, desde enero no cambie demasiado la inclinación de la curva.
Como en el período previo a la introducción del Plan Real en Brasil (1994), para 2019 debería apuntarse a reducir la volatilidad de los precios relativos (dólar, tarifas, salarios), antes que a una baja voluntarista de la inflación. El plan de estabilización completo quedará para el próximo gobierno.
Fuente: Fundación Mediterránea
