¿Puede cambiar la Política Agraria Común de la Unión Europea?
Se estudian modificaciones, pero se mantendrán los subsidios a los productores para asegurar la soberanía alimentaria
17/05/2019 | 6:00
La Política Agraria Común (PAC) nació buscando asegurar precios rentables para los productores de manera que Europa, después de la segunda guerra mundial, fuera capaz de garantizar el abastecimiento de alimentos a su población.
Para ponerla en marcha “el primer paso fue dar ayudas directas a los productores mediante precios de intervención”, indicó Juan Manuel Intxaurrandieta, director gerente del Instituto Navarro de Tecnologías e Infraestructura Alimentarias, desde Pamplona, al considerar el tema en un programa especial de Canal Rural. Este mecanismo establecía que se daban apoyos directos si los precios agropecuarios caían de determinado nivel, a modo de compensación.
“Este sistema resultó un éxito rotundo porque la producción se disparó: en 1991 había almacenes en Bruselas repletos de leche en polvo, cereales, azúcar y otras mercaderías porque los productores respondieron a las buenas señales”, explicó Juan Manuel.
Esos enormes excedentes generaban costos y problemas ambientales, porque la intensificación llevaba a que se usaran muchos fertilizantes, por ejemplo.
Entonces, “se vio que así no se podía continuar y se produjo la primera reforma del sistema de ayudas. Se decidió que, en vez de dar una subvención al kilo producido, se iba a dar a la superficie cultivada o a las cabezas de ganado”, diferenció.
A partir de esa modalidad desaparecieron los excedentes, pero aumentaron las cabezas de ganado. Esta forma de ayuda determinó que hubiera superficie mal cultivada y ganaderías de baja productividad.
Estos malos resultados, y observaciones de la Organización Mundial de Comercio, obligaron a una segunda reforma, que consistió en el desacople de las ayudas respecto la producción. Se le dijo al productor: “usted tendrá el derecho de cobrar ayudas, independientemente del número de animales que tenga y de la cantidad de hectáreas que cultive, con tal de que justifique que tiene determinada cantidad de tierra”.
“Fue un golpe muy duro para los agricultores profesionales, porque significó que se dieran subsidios sin importar lo que se hacía desde el punto de vista productivo”, lamentó el experto. Además, se impusieron requisitos de buena gestión ambiental. Se le dijo al productor: “usted produzca mucho o poco, pero hágalo respetando el ambiente”. Esta línea está teniendo cada vez más importancia en la Política Agraria Común.
En los últimos tiempos se habla de “ecoesquemas” que significa que un 20% de las ayudas directas se va a destinar a que los productores voluntariamente decidan incorporar a su explotación a sistemas agropecuarios más beneficiosos con el ambiente.
Cómo son las ayudas
Actualmente, la Política Agraria de Europa desarrolla un modelo mixto. El primer pilar está constituido por ayudas directas a los productores por tener determinada cantidad de hectáreas en una explotación. Este ítem configura el 75% del presupuesto de la PAC.
Las ayudas directas están centradas en referencias históricas: el hecho de disponer de determinada cantidad de hectáreas con derecho a cobrar ayudas permite a su titular cobrarlas, más allá de que tengan uso forrajero, agrícola en secano o para riego. El monto promedio de la subvención es de alrededor de 350 euros por hectárea.
Los derechos a cobrar ayudas se pueden vender en un mercado legal para ser comprados por personas que no los tienen y quieren aplicarlos a su superficie.
Los subsidios se cobran por hectárea sin considerar la escala de la explotación. Este mecanismo favorece a los productores más grandes, pero los más chicos pueden solicitar ayudas del segundo pilar o desarrollar producciones con denominaciones de origen, marcas de calidad y valor agregado. Un caso típico es la producción de queso de oveja que se vende directamente a los consumidores, partiendo de alquilar una parcela de montaña para pastoreo con los animales produciendo leche de calidad.
El segundo pilar está integrado por programas de Desarrollo Rural. Subsidian determinadas inversiones, como la producción ecológica, los cuidados ambientales, la lucha contra el cambio climático, la incorporación de jóvenes al campo, el trabajo con razas en peligro de extinción, etc. Como ejemplo, el programa de incorporación de jóvenes menores de 41 años da un subsidio no reintegrable de hasta 70.000 euros para quien decida convertirse en agricultor durante toda la vida. El monto cobrado se utiliza para sufragar los costos e inversiones iniciales para comprar la finca, instalarse, etc.
Para resultar acceder al subsidio, el postulante debe tener o adquirir una formación profesional agraria, presentar un plan en el que se demuestre que el proyecto es rentable y tener una escala mínima.
Cambios en el futuro
¿Será posible eliminar la PAC en los próximos años? A juicio de Intxaurrandieta no, porque este programa incluye no solo ayudas directas a los productores sino otros ítems, como la protección de las importaciones desde otros países. “Si se eliminara la PAC y se abrieran las fronteras, los agricultores y los ciudadanos de la Unión Europea lo pasarían muy mal”, advirtió el directivo.
Agregó: “Todos los países miembros del bloque tienen claro que la producción de alimentos no es una industria más; que no es un negocio común. Está asumido el concepto de soberanía alimentaria, que defienden firmemente”.
“En la alimentación de un país, nadie quiere depender de una región del mundo con la cual puede enemistarse algún día; quieren garantizar la comida”, añadió.
No obstante, el esquema actual de la PAC es mejorable. Un trabajo de la FAO citado por Intxaurrandieta dice que no tiene sentido que haya 500 millones de personas desnutridas en el planeta y 1200 millones con obesidad; habría que adaptar los sistemas agroalimentarios para que funcionen mejor.
Más allá de estas realidades, Juan Manuel entiende que debe existir una Política Agroalimentaria en Europa. “No se puede dejar en manos del mercado, que tiene disrupciones e influencias, sectores estratégicos como la alimentación”, razonó.
“La sociedad necesita que alguien vele por los intereses comunes y que piense en las generaciones venideras. “No podemos hacer lo que nos dar a gana ahora e ignorar el futuro; debe haber una intervención pública en los sectores sensibles, dentro de los cuales está la alimentación de la población, y el de la agricultura, que provee a la alimentación”, completó.
“Desde hace muchos años hemos visto todos los problemas que surgen por diferentes enfoques en las políticas agrarias. Sin embargo, hay conocimientos para ir a políticas más finas y adecuadas a lo que la sociedad pretende”, proyectó.
La población europea pide políticas agrarias que generen productos con garantía de calidad, cuidando el ambiente, que mantengan las pequeñas explotaciones tradicionales y el paisaje.
Entre las reformas concretas, se está planificando trasladar más fondos de la PAC hacia el segundo pilar -programas especiales- y adjudicar más recursos a los empresarios innovadores que hagan inversiones.
Otra modificación a la vista sería dejar de hablar de Política Agraria Común y empezar a considerar la Política Alimentaria Europea, buscando una producción responsable de alimentos respetando el ambiente. “Alimentos buenos para la salud, con precio justo para los agricultores y consumidores, y limpios para el ambiente” son las premisas que guiarán el camino de los próximos años.
En síntesis: todo indica que se mantendrá una política agraria en Europa. Tal vez “no la que está vigente ahora, que es mejorable, pero debe haber mecanismos que regulen los mercados y las actividades agroalimentarias para su mejor desenvolvimiento”, concluyó Intxaurrandieta.
